Peruanos de NY buscan su sitio

Aunque dispersa, la comunidad peruana en NY intenta consolidarse
Peruanos de NY buscan su sitio
El pasado 18 de mayo se realizó el primer Desfile Peruano en Queens organizado por la "International Peruvian Festival", por la Avenida 37, entre la calles 69 & 87, en Jackson Heights.

Nueva York

En la última década, la comunidad peruana ha consolidado su presencia en Nueva York, especialmente en el vecindario de Queens.

Según la Cónsul General del Perú para el Estado, María Teresa Merino de Hart, aquí se concentran alrededor de 150,000 compatriotas -casi la mitad de los que han elegido la región tri-estatal para vivir. Pese a las diferencias, a todos los unen dos cosas, destaca Merino de Hart: la música y la gastronomía.

De hecho, ya se ha multiplicado el número de restaurantes peruanos en los últimos años, que superan el centenar. La empresaria y periodista Heidi Castrillón anunció lo que se avecinaba en una conferencia en 2012.

“Señalé el importante momento que se avecinaba para la comunidad peruana porque el rubro gastronómico estaba dando pasos agigantados y que se duplicarían, a partir de mis contactos con las cocineras”, explica.

Como muestra, Pio Pio cuenta con seis locales; Panca, que abrió sus puertas en 2008 de la mano de Emmanuel Piqueras, sigue funcionando con solvencia tras la salida de este del negocio. Ahora conduce el programa televisivo “Sabor & Fusión” para un canal peruano.

De acuerdo al informe The Newest New Yorker, de la oficina de Planificación de la Ciudad, unos 30,859 peruanos residen en la ciudad, más de la mitad en Queens, con casi 19,000 andinos; alrededor de 3,000 viven en El Bronx; 4,325 en Brooklyn , 3,348 en Manhattan; y 1,185 en Staten Island.

Estos datos contrastan con la poca visibilidad de este grupo, que cuenta con un concejal electo en el condado de Westchester, Luis Marino. La cónsul subraya que “esta es una comunidad muy dispersa, repartida mayoritariamente entre Long Island, Westchester y Queens”, refiriéndose también a la notable presencia en Nueva Jersey y al trabajo del consulado para procurar más presencia del Perú en NYC.

El pasado 22 de junio se celebró el primer desfile peruano organizado por el Peruvian International Festival, una organización ‘hija’ de American Familia y que preside Rodolfo Flores. Llegado a la ciudad hace 40 años, organizó el izamiento de la bandera nacional en la ciudad de Perú el pasado 20 de julio y trabaja en la preparación del segundo desfile para 2015.

“Esta vez será más fácil”, resalta Flores, recordando que le dieron el OK, sólo 10 días antes de la fecha.

Los diferentes peruanos consultados apuntan que el desfile no congregó a mucha gente. De hecho, coincidió con un festival gastronómico organizado en Westchester, muy popular en la comunidad peruana del área.

“Empecé a trabajar en la celebración del desfile en 2012”, explica Flores, que reconoce cómo le ha servido su experiencia como candidato a concejal en Nueva York (se presentó en 2001 y 2005, pero no ganó) para lograr celebrar este evento.

El hecho de no estar en torno a un único centro de población, ha provocado la proliferación de hermandades -de carácter religioso-, clubes y asociaciones que superan la treintena desde hace más de 30 años. En este contexto, no ha surgido un líder o grupo capaz de aunar las fuerzas.

“Ha habido algunas personas que iniciaron proyectos con ideas bonitas, pero luego quedaron en nada. Tenemos que unirnos alrededor de nuestros intereses comunes como peruanos migrantes”, lamenta Alfredo Vertiz, que años atrás trabajó para el Centro Cívico Peruano y que ahora intenta asesorar y “hacer ver las cosas desde un punto de vista no político”.

Uno de los expresidentes del Centro, Luis “Lucho” Moreau, que dirigió la institución entre 1998-2000, afirma que las buenas intenciones se quedaron en proyectos. Él abandonó la directiva porque “hubo ciertas irregularidades de algunas personas que dejaron mal a toda la comunidad peruana”, explica

Moreau llegó a Nueva York en los 70 y siempre ha estado involucrado con su comunidad, porque hace falta mucha ayuda para enseñar el idioma, las costumbres… Hace unos años, después de intentar reflotar el centro, se retiró completamente. “No se puede nadar contracorriente y mi comunidad es muy problemática. No hace ni deja hacer las cosas”, denuncia.

Con la vista puesta en las generaciones futuras, Moreau muestra cierto pesimismo. “Es muy difícil que los hijos sigan con la tradición”