Zero tolerancia a la brutalidad policial

El Departamento de Policía de Nueva York ha desatado una vez más la ira ciudadana a raíz de que uno de sus oficiales dejara en evidencia que prácticas prohibidas desde 1993, como es el caso de la llave de asfixia, sigue siendo aplicada con resultados fatales.

La muerte del afroamericano Eric Garner durante su arresto en Staten Island se suma a las mil quejas por maniobras de estrangulamiento que la Junta de Querellas Civiles recibió entre 2009 y 2013.

El NYPD continúa necesitando reformas urgentes y profundas para ganar eficacia respetando los derechos civiles y mejorando su relación con las comunidades. Bajo ningún concepto se pueden permitir estos excesos, sobre todo cuando la ciudad había ganado una batalla contra la manera discriminatoria en que el Departamento hacía uso del Stop and Frisk. Parar y registrar a una persona solo por su raza o color de piel no tiene justificación.

El gran reto del Departamento, y en este caso de su actual comisionado, Bill Bratton, es cerrar esa brecha que existe en la relación entre comunidad y policía.

Una relación más estrecha entre policía y comunidades debería ser más fácil con un NYPD cada vez más diverso. Hoy uno de cada tres policías es latino, los hispanos conforman el 30% de la Uniformada, muy por encima del 16% de afroamericanos, y el español es el idioma extranjero que más se habla en el cuerpo policial.

Los números y los casos hablan por sí solos. El Comisionado Bratton y los líderes políticos deben agotar todos los recursos para aprovechar esta diversidad y cambiar la mentalidad del NYPD. Es prioritario que la policía se gane la confianza de los residentes de los barrios que patrulla. Debe cultivar una relación comunitaria donde los ciudadanos salgan ganando con mejor seguridad y más confianza.

No queremos reportar más casos como el de Garner o Noel Polanco, que recibió un balazo sólo porque un policía pensó que estaba armado. Comisionado Bratton, la comunidad espera resultados concretos para confiar más en su policía