No votamos y así nos va
La Lombriz Solidaria es un blog para las comunidades latinas en California
Un cartel asociando politicos demócratas con el Dust Bowl, en un campo del Valle Central. Crédito: Eduardo Stanley
En todas partes, las zonas rurales son más conservadoras, más pobres, hay menos opciones para los jóvenes, el desempleo es más alto…
Aquí percibimos con más claridad la relación entre la pobreza y la ignorancia con los abusos de poder.
Es que a los gobernantes en estas zonas no les importa que las cosas mejoren y como precisamente no hay muchas posibilidades de cambios, su dominio y control no enfrentan desafíos.
No estoy hablando de Centroamérica o Pakistán, sino del Valle Central de California, donde un solo condado, Fresno, produce más de $6 billones de dólares anuales en productos agrícolas. Aquí viven casi un millón de personas, de las cuales la mitad son latinos, o hispanos.
El desempleo promedia el 12 por ciento anual —durante las cosechas, este número baja, pero en invierno llega al 17 ó 18 por ciento.
Este es dominio Republicano. Las otras zonas parecidas son el Valle Imperial y partes urbanas del condado de Orange y áreas cercanas a la ciudad de San Diego.
En California, el registro de votantes como simpatizantes Republicanos está en decadencia. No así en las zonas mencionadas.
En el Valle Central, que va desde la ciudad de Bakersfield a la ciudad de Redding, los agricultores dominan la política y la vida social y cultural. No quieren que nada se mueva, como el aire que permanece casi estático durante semanas, encerrado entre las montañas que marcan las fronteras del Valle. Solo interesa el ciclo agrícola y el calendario sirve para recordar qué cosecha empieza y cuál termina.
A los visitantes les llama la atención los carteles con mensajes políticos que muchos agricultores cuelgan en sus tierras. “El Congreso creó el Dust Bowl”, dice uno de ellos. Se refiere a la gran crisis económica en la agricultura del este del país en los años 1929-1930 que hizo perder tierras a miles de agricultores pequeños a manos de los bancos y los forzó a emplearse como campesinos en varios estados del país, principalmente California.
El Congreso no creó el Dust Bowl, claro. Pero el mensaje no solo busca confundir la historia sino que pretende mandar un mensaje claro: no queremos que los politicos metan sus narices en nuestros negocios —salvo que sea a nuestro favor.
Los agricultores y los políticos a su servicio —casi todos, inclusive la mayoría de los Demócratas— se oponen al proyecto del tren rápido, claman más agua para sus cosechas a costa del agua destinada a la población, quieren que el gobierno construya infraestructura para llevar agua a sus campos (pero, no es que se oponen la participación del gobierno?), no quieren más universidades ni inversiones en la cultura (total sus hijos estudian en las grandes y muy caras universidades) y así sucesivamente.
El pensamiento político y social de esta clase gobernante es el mismo. Quieren hacerle creer a la gente que la tierra y las decisiones les pertenece.
El crecimiento de la población latina no significa que esta situación de letargo pueda cambiar a corto plazo.
En los últimos años, un puñado de periódicos en español cerraron sus puertas. Con alguna excepción, esta audiencia ha quedado a merced de las televisoras y las radios privadas que no informan y menos educan.
Las organizaciones de base son pocas y no tienen dinero. A los pocos activistas no se los ve ni se los oye. Apenas agitan durante alguna marcha pero no educan ni organizan.
El desamparo es casi total.
Y, como es de esperarse, los latinos votan menos. Aún los que están registrados para votar. Y así nos va, porque los que están en el gobierno son inamovibles. Sus puntos de vista conservadores —la mayoría se opone a una reforma migratoria— afectan nuestras vidas y la de nuestros hijos.
Y aún así no despertamos. Y quién nos va a despertar?
Porque a medida que se acercan las elecciones de noviembre seguimos sin interesarnos en qué proponen los candidatos.
Si prestamos atención a lo que ocurre en los gobiernos locales —ciudades, condados, etc— es un compendio de decisiones contra los intereses de nuestras comunidades de color e inmigrantes. Por ejemplo, los Supervisores del condado de Fresno se opusieron el año pasado a recibir fondos para la salud de los indigentes, clasificación que le permite a las clínicas rurales a atender a personas de bajos ingresos.
Una barbarie. Pero estos supervisores se sienten seguros en sus puestos. Intocables. Como muchos otros políticos del Valle.
Es imperativo que los pocos activistas interesados y algunas organizaciones realicen un esfuerzo para promover y educar a los que pueden votar a que lo hagan. Y por candidatos que ofrezcan propuestas inteligentes para los latinos y otras comunidades en posiciones similares.
Las opciones son limitadas, pero existen. Queda buscarlas y presentarlas.
Nada se pierde y hay mucho para ganar.