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Un referente mexicano para los latinos

Jaime Lucero llegó a EEUU en los 70 y luego de trabajar en un restaurante puso en marcha una empresa textil

El mexicano Jaime Lucero, fundador de la organización comunitaria Casa Puebla.

El mexicano Jaime Lucero, fundador de la organización comunitaria Casa Puebla. Crédito: <copyrite>Humberto Arellano</copyrite><person>< / person>

Quien en los setenta leyó “Alive” (“Viven”) se metió de lleno en la narración trepidante de la tragedia de un accidente aéreo en los Andes. Para el mexicano Jaime Lucero aquel libro fue su manual de inglés.

Lo compró tras llegar a EEUU desde su pueblo, Independencia (“20 casas”) y todos los días pedía a sus compañeros en el restaurante en el que empezó a trabajar que le leyeran tres páginas para aprender a pronunciar. Por la noche, con su diccionario, traducía e iba aprendiendo el idioma de un país en el que se convertiría en un empresario y el fundador de una organización comunitaria, Casa Puebla, un referente político, cultural y de servicio a la comunidad latina.

Lucero, de 57 años, reconoce ser un autodidacta. “Cuando era joven tenía la inquietud y la energía”. También la necesidad de superarse.

El hombre que ahora preside Gold & Silver, una empresa distribuidora textil con unos 340 empleados y es un empresario de referencia en el distrito textil de Manhattan, es uno de los siete hijos de un matrimonio de agricultores que tuvo que trabajó desde muy joven. Su madre enviudó cuando el tenía seis años. Lucero recuerda haber cuidado cabras en su juventud. En 1975 siguió a su hermano Julio hasta Nueva York.

“Tuve suerte”, cuenta. “Apenas llegué encontré un trabajo en un restaurante, entonces era más fácil”.

Pero no menos duro. Lucero empezó lavando platos y pasó por todas las posiciones, incluida la de cocinero y creador de recetas. Finalmente terminó a cargo de la gestión de un local en el que estuvo seis años. Aunque ascendió, se preguntaba si había venido a este país a hacer eso. “No quería dejar el trabajo porque aunque era pesado no sabía hacer otra cosa, pero cuestionarme dónde estaba mi lugar me llevó a disciplinarme, aprender a superarme”.

Su oportunidad vino cuando el dueño del restaurante compró un camión nuevo y vendió el viejo a Lucero. “Le tuve que insistir mucho para que me lo vendiera”, recuerda.

“No tenía claro lo que quería hacer con él”, admite. “Finalmente conocí a un amigo que era comisionista de transporte y fui la industria textil. Me daban el trabajo que nadie quería y trataba de dar el mejor servicio”. Cuando la compañía para la que trabajaba se empezó a venir abajo los clientes le llamaron a él. Así empezó una aventura empresarial, junto con su hermano, que coincidió en los ochenta y noventa con un buen clima económico que le permitió distribuir prendas de vestir a todo el país y tener clientes como Saks y J.C. Penney.

En 2001 inauguró una maquiladora en su estado de Puebla. Entonces, The New York Times explicaba que era un proyecto de varios años para construir varias fábricas de textiles con una inversión de más de $21 millones.

“Tuvimos 4,000 empleados y la empresa respondió bien tres años”, cuenta Lucero “pero con el crecimiento comercial del China, todo el textil de Centroamérica se fue a Asia”. En 2009, Lucero recuerda con pesar, tuvieron que cerrar.

Dice que aún pesan las últimas crisis pero que hay oportunidades. “Eso si, hay que estar más preparado porque ahora con la tecnología todo es más laberíntico”

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