Estadounidense de 15 años desaparecido en Cocula

Tenía seis meses cuando sus padres lo llevaron a vivir a México
Estadounidense de 15 años desaparecido en Cocula
Víctor Albarran nació en EEUU y sus padres lo llevaron a Cocula para vivir.
Foto: Gardenia Mendoza

COCULA, México. Víctor Albarrán nació en San Bernardino, California, y su madre, Maura Varela, cree que otra sería su suerte si en lugar de regresar a México se hubiera quedado allá. “Hasta policía pudo ser, igual que dos de sus primos”, dice sobre las posibilidades que tenía su hijo como ciudadano de ese país.

Sin embargo, regresó con la familia a este caluroso pueblo encallado a 220 kilómetros al sur de la Ciudad de México, en el estado de Guerrero, para hallar el infortunio recién graduado de secundaria.

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Un comando de 10 camionetas blancas con hombres armados y encapuchados lo secuestró en una redada clandestina en la que desaparecieron 30 jóvenes, según cálculos de la familias; el presidente municipal reconoce 17. Todos el 1 de julio de 2013.

“Me arrepiento de no haber visto a futuro y pensarlo dos veces antes de regresar”, reconoce Maura mientras cuece frijoles en una cocina con piso de tierra y un metate para hacer tortillas donde se reúne la familia de cinco miembros, ya sin Víctor.

“Regresamos aquí porque no había quién cuidara a mi suegro que estaba muy enfermo y viejito. Y cuando él murió nos quedamos aquí porque era muy difícil cruzar la frontera”, explica.

Víctor tenía seis meses cuando sus padres lo llevaron a vivir a México. En la fecha de su rapto, tenía 15 años. Los Albarrán casi habían olvidado que dos de sus miembros eran ciudadanos estadounidenses. De hecho, nunca acudieron a la embajada o al consulado para pedir algún tipo de ayuda para ellos hasta que los malandrines sacaron de su casa al menor a punta de fusiles.

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La familia dormía cuando se escucharon ráfagas de armas de fuego y ruidos de vehículos a toda velocidad que subían y bajaban. Luego se detuvieron frente al negocio familiar.

“Creíamos que querían robar la mercancía de abarrotes y todos corrimos al sótano, pero Víctor estaba en el baño y cuando me di cuenta que no estaba con nosotros me regresé por él”, cuenta Maura.

Víctor salió del baño y madre e hijo corrieron rumbo al escondite, pero el comando había roto la chapa de la puerta y los alcanzó en el pasillo. Los encapuchados apuntaron con los rifles, preguntaron por los otros y les pidieron los celulares.

A Maura la tiraron al piso, boca abajo y desde esa posición vio y escuchó la golpiza a Víctor, las discusiones entre ellos sobre si llevarse o no al adolescente y un último disparo desde la calle.

“Creí que lo habían matado, porque el hombre al mando dijo que si no se lo iban a llevar, entonces, lo mataran, pero después no vimos sangre”, relata.

Desde California, Guadalupe, la única Albarrán que vive en EEUU, presentó la queja ante las autoridades de ese país para que abogaran por su hermano.

Así fue como EEUU asignó al “detective Timothy”, a quien la familia nunca ha visto en persona. En entrevista telefónica con este diario, el agente estadounidense explicó que ha “facilitado el acercamiento con las autoridades (Procuraduría General de la República) para que la familia levantara una querella”, pero al no tener “autoridad de investigación” no ha podido hacer nada más.

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Los Albarrán aseguran que en la PGR sólo escucharon de su caso, pero no les dieron una copia del acta ante el Ministerio Público Federal ni hubo seguimiento. Sólo una vez los invitaron para que vieran si entre unos hombres que iban a liberar estaba el suyo.

“Cuando dije que ninguno era mi hijo me respondieron que si se lo llevaron los Guerreros Unidos, mi hijo ya no existe”, cuenta la madre entre lágrimas. “Yo lo quiero ver, aunque sea muerto”.