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¿Y qué, si no me gustan las fiestas?

No todos disfrutan las celebraciones de fin de año

No siempre es posible, o recomendable, decir lo que una realmente piensa. Es mejor reservar ciertas opiniones para quienes nos conocen bien y entienden.

Si por ejemplo, eres una de esas personas que odia con fervor las celebraciones de diciembre, es mejor que no lo compartas durante la fiesta del trabajo, o la reunión familiar, porque podrías ganarte el apodo de Grinch para el resto del año.

Y no porque no tengas buenos motivos para sentir de ese modo.

Existen razones válidas para desear que la temporada festiva termine lo antes posible. Compartimos algunas de ellas, para que otros puedan comprender tus sentimientos, y ya dejen de preguntarte:

* Las decoraciones. Las luces del arbolito de navidad son muy festivas y alegres. Y si fuese posible guardar el árbol ya armado y sacarlo al año siguiente, listo para usar, aún mejor. Pero tener que armarlo, y peor aun desarmarlo, cada año no es una actividad placentera. Por empezar, nunca recordamos donde guardamos la caja con las decoraciones. Le siguen las luces que nunca encienden, haciendo que tengamos que chequear los 40 foquitos, uno por uno, para ver cuál es el quemado. Cuando finalmente logramos que enciendan, tenemos que enrollar las luces alrededor del árbol y batallar con las ramas que pinchan.

* Las libras de más. A cada reunión que llegamos nos convidan con el plato especial del anfitrión o de la vecina. Nos servimos un poquito de todo “para probar” y hacemos el esfuerzo de terminarlo “para quedar bien”. Y entre cenas y bebidas terminamos diciembre con cinco libras extras, o más. No es coincidencia que una de las resoluciones más populares una vez que termina el año sea perder peso.

* Los dólares de menos. Nos dejamos llevar por el frenesí de las compras navideñas, y sentimos que “tenemos” que regalarle a la familia, a los amigos e incluso hacemos regalos “de compromiso” a personas a quien no querríamos regalar. Nuestra cuenta de banco y las tarjetas de crédito también odian las fiestas.

* Los efectos secundarios. Muchos de los aspectos que rodean las celebraciones también son molestos. Comenzando por el tráfico que hace que lleguemos tarde a todas partes, los programas navideños de televisión, las largas filas en las tiendas y las mismas 10 canciones navideñas, que repiten donde vayamos. A esto se le suman los actos de la escuela de los niños, adorables durante los tres primeros minutos que les toca cantar a nuestros hijos y sobrinos, pero terriblemente largos y aburridos las dos horas que le siguen.

* Las situaciones incómodas. No importa cuán precavidas seamos, en las reuniones navideñas siempre hay momentos incómodos que preferiríamos evitar: desde la tía que, apenas llegamos, se nos sienta al lado y comienza a interrogarnos como si fuese del FBI; hasta el invitado con la dieta especial, que no sólo critica todo lo que comemos, sino que mira con asco cada bocado y trago que nos servimos.

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