Consejos para tener buena salud del útero

Hágase las pruebas y colóquese las vacunas para evitar virus del VHP y el cáncer cervical
Consejos para tener buena salud del útero
Las mujeres necesita realizarse pruebas regulares de Papanicolaou.
Foto: Archivo

Este año, según las cifras más recientes de la Sociedad Americana del Cáncer (ACS), casi 13,000 mujeres en Estados Unidos serán diagnosticadas con cáncer cervical invasivo, y se estima que unas 4,100 morirán por la enfermedad.

Aunque en los últimos 30 años —según la ACS—, la tasa de mortalidad por cáncer de cuello uterino se ha reducido en más de un 50%, las autoridades de salud piden a las mujeres que no bajen la guardia y tomen todas las medidas de precaución necesarias para prevenir este mal.

Ello es especialmente importante entre las mujeres latinas que viven en EEUU, las cuales, de acuerdo a la ACS, son más propensas a contraer cáncer cervical, seguidas por las afroamericanas, las asiáticas y las blancas. Según esta organización, el cáncer cervical tiende a aparecer en la mediana edad, y la mayoría de los casos se diagnostican en mujeres menores de 50.

Por ser enero el Mes de la Salud Cervical, se recomienda que todas las mujeres se realicen la prueba de Papanicolaou comenzando a los 21 años, porque este procedimiento puede detectar cambios en el cuello del útero antes de que se desarrolle el cáncer.

También, el papanicolaou (o Pap), puede detectar el cáncer de cuello uterino precoz en su etapa más curable.

Según aseguran los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), si los resultados de la prueba de Papanicolaou son normales, su probabilidad de contraer cáncer de cuello uterino en los próximos años es muy baja. Por ello es una de las pruebas más recomendadas.

Realizarse un Papanicolaou a tiempo no es la única manera de prevenir el cáncer cervical. Si usted es una mujer sexualmente activa, debe tomar medidas de precaución, como el uso del condón para evitar infectarse con el virus del papiloma humano (VPH). Esta es la enfermedad de transmisión sexual más común en EEUU, y ha sido asociada por años con las verrugas genitales (genial warts), herpes y cáncer de cuello uterino o cérvix, la vulva y la vagina.

Se estima que la mitad de todos los hombres y mujeres que tienen relaciones sexuales en EEUU (50%) se infectarán con el VPH en algún momento de su vida. Además, se calcula que actualmente 20 millones de personas en el país viven con el virus y cerca de seis millones más se infectan cada año (74% de ellos entre 15 a 24 años).

Existen cerca de 150 cepas de VPH, de las cuales 40 pueden ser transmitidas sexualmente. Cada cepa es identificada por un número y se sabe que el cáncer cervical es causado por el VPH del subtipo 16 y 18.

Lo más preocupante en relación al VPH es que muchas personas desconocen que este virus se transmite con el simple contacto de la piel. No hace falta que haya penetración en la vagina o intercambio de fluidos (sangre o semen) como en el caso del VIH/Sida, para que la persona se infecte.

La única manera de saber si usted tiene el VPH es realizándose una prueba de sangre que puede detectar este virus que puede causar estos cambios en las células de la cérvix.

Aparte de usar condones durante las relaciones sexuales y limitar el número de parejas sexuales, otra manera de reducir el riesgo de contraer el VPH y, por ende, prevenir el cáncer cervical, es colocándose las vacunas contra este virus —Gardasil y Gardasil 9— que han sido aprobadas por la Administración Federal de Drogas y Alimentos de EEUU (FDA).

Estas vacunas protegen a las mujeres contra los tipos de VPH que causan la mayoría de los cánceres de cuello de útero, de vagina y de vulva. Ambas vacunas se recomiendan para niñas a partir de 9 años de edad, y para las mujeres de 13 a 26 años de edad que no recibieron ninguna vacuna cuando eran más jóvenes.

Sin embargo, tanto los CDC como la ACS, indican que aunque las mujeres estén vacunadas contra el VPH, todavía necesita tener pruebas regulares de Papanicolaou.

Durante la prueba del Papanicolaou (Pap), el médico coloca un espéculo en la vagina, que es un instrumento de metal o de plástico que mantiene la vagina abierta de modo que el cuello uterino se puede ver claramente.

A continuación, utilizando una pequeña espátula, el doctor toma una muestra de células y moco raspado ligero de la cérvix. Luego un pequeño cepillo o un hisopo se insertan en la abertura del cuello uterino para tomar una muestra del endocérvix.

Si el cuello uterino se ha eliminado (porque has tenido una traquelectomía o histerectomía), se tomarán muestras de células de la parte superior de la vagina (conocido como el manguito vaginal).

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