Lo traté todo y nada…hasta ahora

Lo traté todo y nada…hasta ahora
Jorge Viera.
Foto: Suministrada

Desde que en septiembre de 2013 sustituí a Rafael Pineda, muchas cosas cambiaron en mi vida, sobre todo eso de verme en la tele dos veces al día cinco días a la semana. Es una sensación muy rara y les explico por qué. Cuando eres corresponsal siempre estás en el ajetreo diario. En mi caso cubría noticias en desarrollo y me preocupaba más por mi historia que por cómo me veía. Ahora todo cambió. Me tengo que preocupar por las dos cosas. Represento a un canal y no a uno cualquiera, Noticias Univisión 41, uno de los más importantes de la ciudad más importante del mundo, Nueva York.

“Te ves más joven y flaco en persona; en la tele te ves gordo y grande”, me dice mucha gente que me ve en la calle. A eso no tengo contestación, y es que la televisión te hace lucir más gordo y las imperfecciones se notan demasiado.

En mi intento de mejorar mi look he tratado todas las dietas, pero ninguna ha funcionado hasta ahora.

Un artículo publicado en el periódico Clarín de Argentina indica que diferentes estudios muestran que la mayoría de los que inician voluntariamente un programa de descenso de peso (supervisado o por cuenta propia) logran bajar más de un 15% del peso inicial, pero que pasados los dos años de ese logro recuperan el peso inicial, e incluso lo superan.

El artículo añade que comer no es sólo comer. La compulsión al comer justamente se da cuando uno se siente frustrado por no poder alimentarse normalmente. El hecho de tener solo una comida de libertad es lo que crea la sensación de falta de libertad y, en consecuencia surge el atracón.

Basándome en lo leído y los comentarios de la gente, decidí volver a lo básico, hacer ejercicios. Pero no cualquier ejercicio, sino uno que se llama Intrepid.

Es una especie de campamento militar donde haces una combinación de muchos ejercicios mezclados. La aventura dura, aproximadamente, 25 minutos, pero cuando terminas parece que te pasó un camión por encima. Mi entrenador me dice que el ejercicio solo no basta, que hay otra función importantísima para lograr los objetivos trazados y es la de cerrar la boca, que ésa es la única dieta que funciona.

Me recordó a mi frase de vida: no hay camino fácil y cuando las oportunidades aparecen, la fortuna favorece al que más preparado está.

Con este trabajo he aprendido que no es sólo llegar, también hay que mantener el cuerpo y la mente, porque van agarradas de la mano. Así que no se complique, no hay camino fácil; si quiere llegar, atrévase a caminar por el camino que no está hecho, que al final es el más difícil pero con las recompensas más bonitas.