Los cantantes mexicanos que triunfan más en EEUU que en México

En Estados Unidos muchos cantantes de música ranchera mexicanos venden millones de discos, pero en su propio país ls historia es muy diferente. En particular para los que se dedican a los llamados narcocorridos.

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Recientemente, cuando se conoció la muerte del cantante mexicano Ariel Camacho las redes sociales como Twitter se llenaron de condolencias en inglés enviadas desde Estados Unidos.

En cambio, la noticia en México ocupó espacios menores en los medios locales, donde el asunto se abordó como una historia más.

Nada raro: muchos cantantes y grupos, especialmente de música norteña, tienen más reconocimiento en la comunidad mexicano-estadunidense que en su país.

Detrás de este fenómeno hay varias explicaciones: muchos de los aficionados a esta música, llamada también regional mexicana, son migrantes o hijos de migrantes.

El flujo de personas entre ambos países creó un una nueva cultura y un género musical propio.

Pero también hay razones económicas, le dice a BBC Mundo Luis Omar Montoya Arias, académico del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS).

“La música norteña es cultural si lo vemos como parte de los flujos migratorios, pero quitándole romanticismo es un negocio, nació como un negocio por el enfoque comercial de los estadunidenses”, asegura.

El investigador del CIESAS se refiere a los momentos fundadores de lo que se conoce como música norteña, en la década de los años 30, cuando la migración mexicana a Estados Unidos se mezcló con ritmos locales como la polka y el momento en que el acordeón fue adoptado por los dos géneros.

El resultado fue un género propio que, a mediados del siglo pasado, llamó la atención de empresarios y promotores estadunidenses quienes transformaron ese sonido en discos y emisiones radiales.

“A los mexicanos, nos guste o no, esta música también es de ellos, porque sin los aparatos de grabación, sin la tecnología, sin las casas disqueras la música norteña no existiría”.

Lo que ocurrió después es conocido. Actualmente la música regional mexicana genera cada año cientos de millones de dólares en ganancias.

La Asociación de la Industria de la Grabación de EE UU ha dicho que más del 50% de la música latina comercializada en ese país pertenece a este género.

En listas de popularidad como el Billboard Latino los intérpretes de esta música se encuentran en los primeros diez lugares.

Algunos han ganado el premio Grammy, que se entrega a los cantantes más populares y con mayor venta de discos. Uno de ellos es Vicente Fernández, quien este año obtuvo el reconocimiento.

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Incluso algunos son exitosos después de haber muerto. Es el caso de Jenni Rivera, de quien el primer año posterior a su fallecimiento se vendieron 800.000 copias de sus discos, más de la mitad de los que comercializó en vida.

Pero al sur de la frontera estadunidense la historia es distinta.

La otra cara de la moneda es México, donde si bien los cantantes y grupos de música regional son populares, no se compara con su vecino del norte.

En el país existen restricciones legales para la difusión de composiciones sobre violencia o tráfico de drogas, conocidos como “narcocorridos”.

De hecho, estas canciones no se difunden en radio ni televisión, y en algunas poblaciones se prohíbe incluso que se escuchen en el transporte público, como ocurre en Sinaloa.

Es un límite para intérpretes exitosos en Estados Unidos, como Alfredo Ríos, conocido como El Komander y otros que participan del llamado Movimiento Alterado, quienes dedican su repertorio al tema.

En algunos casos las restricciones van más allá. El año pasado las autoridades de varias ciudades en Querétaro, Puebla, Jalisco y Morelos cancelaron conciertos de El Komander.

El argumento para suspender las presentaciones fue que el cantante hace “apología del delito” con sus canciones.

Otro de los problemas en México es el frecuente señalamiento de que cantantes de música grupera –otra forma de llamar al género- pueden ser apoyados con dinero del narcotráfico.

A esta percepción contribuyen los asesinatos de varios intérpretes, y la detención de otros en fiestas de capos como ocurrió en 2009 con Ramón Ayala cuando cantaba en una reunión donde se encontraba el fallecido Arturo Beltrán, jefe del cartel de los hermanos Beltrán Leyva.

El cantante dijo que no sabía de la presencia del capo pues sólo fue contratado para amenizar el festejo, algo que ha ocurrido con otros intérpretes.

Más allá de percepciones Montoya Arias recuerda que en los últimos años hay un auge en el nacimiento de grupos que interpretan narcocorridos, a pesar de las restricciones para sus canciones.

Es algo complicado de explicar, reconoce, ante la falta de promoción en medios abiertos y en algunos casos problemas para la autorización de conciertos.

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Lo cierto es que la violencia en México ha sido un factor determinante en el éxito comercial de la música norteña en Estados Unidos, porque muchos empresarios y promotores emigraron.

Y por temor, algunos cantantes ya no quieren volver a tocar en su país.