La fragilidad se instala en las cuentas familiares

Los americanos registran una fuerte volatilidad en ingresos y gastos

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La fragilidad se instala en las cuentas familiares
Los americanos no aumentan sus gastos cuando mejorar sus ingresos./Shutterstock

Teóricamente la recesión se acabó hace seis años. En la práctica hay muchos aspectos de la vida económica por normalizar. Uno de ellos son las finanzas familiares en las que reina una volatilidad que las deja muy frágiles. Según un estudio elaborado por el recién formado JP Morgan Chase Institute, tanto los ingresos como los gastos de los estadounidenses sufren muchas fluctuaciones de mes a mes y en ocasiones abruptamente. Además, la mayoría no tiene un colchón financiero para cubrir imprevistos.

Son conclusiones que se han obtenido a partir de los movimientos en las cuentas de 100,000 anónimos clientes del banco elegidos de forma aleatoria entre 2012 y 2014. Estos cambios muestran que el 44% de las personas han experimentado una subida o bajada de sus ingresos del 30%. El consumo fue incluso más volatil y, además, los ingresos y los gastos no siempre se han movido en la misma dirección, es decir no se gasta mucho menos porque se gane menos pero tampoco se eleva el gasto cuando se gana más. Es más, el 39% de las personas que se han estudiado por este instituto “se mantienen en un patrón de consumo bajo” pese a la mejora de los ingresos.

Esta situación hace difícil hacer una planificación mensual financiera y permite prever fuertes cambios en el consumo, algo clave para la marcha de la economía.

Aunque en muchas ocasiones este tipo de volatilidad financiera está asociada con ingresos bajos, los vaivenes en las finanzas personales se registran en todos los niveles de ingresos, la única diferencia es que los que más tienen están mejor preparados están para ajustarse a estos cambios.

El otro aspecto por normalizar o regularizar, y ligado al anterior, son los salarios que siguen estancados. Aunque los salarios cayeron durante la recesión, estos crecieron lentamente o se estancaron desde finales de los años setenta. Según el Economic Policy Institute (EPI), si estos hubieran crecido al mismo ritmo que la tasa de productividad desde 1979, 11.2 millones de personas no estarían viviendo hoy en la pobreza. Según un informe de este centro de estudios, la disparidad de salarios es el problema principal en la lucha contra la tasa de pobreza en el país.

“En los últimos 35 años, el progreso de la reducción en la tasa de pobreza ha sido gravemente obstaculizada por los salarios estancados y el resultado del incremento de disparidad de salarios”, explican los economistas en este informe.

A los que más les afecta este problema es a las personas de color, mujeres, y niños. Según las cálculos del EPI, de haber crecido los salarios con la produtividad, la tasa de pobreza para la población hispana se habría reducido en 6.7 puntos porcentuales (2.2 millones de personas) y en 5.4 puntos en el caso de los negros.