window._taboola = window._taboola || []; var taboola_id = 'mycodeimpremedia-network'; _taboola.push({article:'auto'}); !function (e, f, u, i) { if (!document.getElementById(i)){ e.async = 1; e.src = u; e.id = i; f.parentNode.insertBefore(e, f); } }(document.createElement('script'), document.getElementsByTagName('script')[0], '//cdn.taboola.com/libtrc/'+ taboola_id +'/loader.js', 'tb_loader_script'); if(window.performance && typeof window.performance.mark == 'function') {window.performance.mark('tbl_ic');}

Espejito, espejito… ¿quién es el más bonito?

Entiendo que la moda es para todos, pero siento que hoy día muchos hombres lo están llevando a los extremos.

Para  mí no hay nada más desesperante que tener que esperar a un hombre para salir de la casa porque  está ‘pegado’ del espejo.

Hoy día, parece que muchos hombres están tan obsesionados con verse bien que se les olvida algo clave: lo que los hace más atractivos no es si su cabello está perfectamente peinado, o si su carro combina con sus lentes; lo que llama la atención de un caballero, en mi opinión, es que sea bien hombre, que te defienda si fuese necesario y que te trate como el pétalo de una flor.

Entiendo que la moda es para todos, pero siento que hoy día muchos hombres lo están llevando a los extremos.  Me acuerda mucho del novio de una de mis mejores amigas. Ir a su casa a esperarlos para salir a una fiesta era un dolor de cabeza, ya que parecía estar esperando a dos amigas, en vez de a una. Claudia se secaba el cabello, se ponía sus pestañas, sus tacones y hasta tenía tiempo para retocarse las uñas, y su novio, no salía del baño. Valga que nos aseguráramos que no estaba atorado o que no era que tenía daño de estómago.

El chico se cambiaba su ropa varias veces y salía a preguntarnos como se veía, se tardaba peinándose en frente del espejo más de media hora y si le caía aunque fuera una gota de agua en su camisa, o se le arrugaba un poco la chaqueta, se quería morir. Mi amiga terminóviéndolo feo, aunque era un hombre tan guapo, y su relación se terminó.

En mi época de soltería, conocí a uno que otro hombre obsesionado consigo mismo, con su belleza, y eso amigos, no es para nada llamativo. Su nombre era John, y una vez se atrevió a reclamarme porque yo no le había dicho que se veía muy bien con su nuevo corte de cabello. Honestamente, ni me había dado cuenta que lo había hecho-ni se notaba. Me dijo muy insultado: “ya no te gusto, ¿no te parezco atractivo?”  Ay, mi Johnny, si supieras lo que acabas de hacer… Pensé y solo le dije que sí, que se veía muy bien.

A propósito y estudiando su comportamiento muy de cerca, empecé a no decirle nada acerca de su físico. Si se ponía un traje nuevo, no le decía que se le veía muy bien. Llegué al punto de hasta dejar de maquillarme tanto para obligarlo a que se alistara más rápido. La historia de mi amiga Claudia se repetía y era a mí a la que me tocaba sentarme a esperarlo a que se arreglara. Mi paciencia se agotó y la próxima vez que me dijo “no me dices que me veo  bonito” fue la última vez que lo volví a ver.

Los hombres se quejan diciendo “ay, mi mujer se tarda una hora en alistarse”. Ahora chicos, imagínense qué feo se escucha que una mujer tenga que decir “perdón que llegamos tarde a la fiesta, mi esposo no sabía que zapatos escoger, o como peinarse”. ¡Piénsenlo dos veces!

Y a ustedes, ¿les gusta competir con su novio por quién se ve mejor? A mí, honestamente no me alcanza el tiempo para eso.

Espero sus comentarios,

@CarolinaSarassa

www.CarolinaSarassa.com

En esta nota

Relaciones Carolina Sarassa
Contenido Patrocinado