No debe haber espacio para el odio

El guatemalteco Félix Valenzuela aún no se recupera de la brutal golpiza
No debe haber espacio para el odio

El guatemalteco Félix Valenzuela aún no se recupera de la brutal golpiza que le propinaron dos jóvenes blancos hace una semana en un vecindario de Brooklyn. No se trató de un asalto por delincuencia común sino de una agresión con alevosía por su condición de inmigrante.

Crimen de odio, así es como la Policía lo clasificó para continuar la respectiva investigación.

La paliza a Valenzuela nos lleva a la reflexión del trabajo que aún falta por hacer no solo para educar sino eliminar de raíz cualquier sentimiento de odio e intolerancia hacia la comunidad inmigrante dentro y fuera del estado.

No podemos dejar pasar por alto lo sucedido a este trabajador cuando sabemos que Nueva York es el tercer estado con más grupos de odio a nivel nacional (44), según reportes del Southern Poverty Law Center.

El mensaje debe ser claro: aquí no hay lugar para este tipo de agresiones raciales. Por eso apoyamos la pronta movilización de organizaciones sin fines de lucro como Make the Road y de los funcionarios electos de la zona de Williamsburg para condenar este ataque y exigir justicia.

No queremos revivir experiencias pasadas como los fatales ataques contra Marcelo Lucero en Long Island, los hermanos Sucuzhañay en Brooklyn o Luis Ramírez en Pensilvania.

Necesitamos asegurarnos que sus muertes no fueron en vano y que aprendimos la lección. La comunidad inmigrante se ha forjado un espacio de convivencia en armonía. Todos compartimos los mismos sueños de días mejores para nuestras familias.

Enseñemos a nuestros hijos que deben respetar el espacio de los demás sin importar su raza, religión, orientación sexual o color de piel.

Las escuelas también son cruciales en este proceso, sobre todo por la diversidad de estudiantes que tenemos en las aulas neoyorquinas.

Es verdad que se ha avanzado mucho pero casos como el de Valenzuela -y los otros que sabemos no se denuncian por temor-, nos deben servir para no bajar la guardia.