Una responsabilidad con los jóvenes migrantes

En las ciudades en California y otros estados, un sinnúmero de hombres jóvenes que tenían aunque sea un contacto mínimo con las pandillas fueron detenidos y deportados a El Salvador
Una responsabilidad con los jóvenes migrantes
Inmigrantes lucharon por una reforma migratoria con marchas en todo EEUU.
Foto: Belhú Sanabria / La Raza

Como madres y padres conocemos bien la situación de las “desórdenes que nadie causó”.  Entras en la cocina y ves que el caldo que preparaste ya ha caído sobre todo el piso.  Alguien lo ha dejado caer al piso pero nadie está ahí.  Juntamos a todos los niños para descubrir que es el o la responsable.  No los corremos de la casa; en lugar de eso les obligamos limpiar el piso.  Tenemos que hacer lo mismo con los Estados Unidos.

Hay vecindarios donde existen más armas de fuego que libros. Para los policías, cada cara negra o color café representa un delincuente que debe ser arrestado.  Las calles constituyen el primer paso por el cual se entra uno al sistema de justicia criminal.

En algunos de estos vecindarios los policías andan buscando a los latinos indocumentados que tienen algún antecedente delictivo, que los hace candidatos prioritarios para ser deportados.  Un joven, un “soñador” que ha crecido en uno de estos vecindarios puede haber sido tachado por la policía como un “ganguero” aunque no lo fuera.   Tal vez alguna vez fue multado por “manejar bajo la influencia”.  Ahora es un candidato excelente para la deportación.

Para proteger esta clase de personas creamos las “ciudades de santuario”.  La ola de odio desatada por Trump ha presionado la policía para que colaboren con las autoridades migratorias a hallar personas indocumentadas que en algún punto de sus vidas han cometido alguna violación de bastante menor grado para entregarlos para ser deportados.

Lo que estoy diciendo es que la infraestructura de la criminalización dentro de cuyas matrices muchos de nuestros jóvenes  crecen, ha causado que en la actualidad muchos de ellos se encuentren elegibles para ser deportados en forma inmediata.  Digo también que esta nación causó todo este desorden migratorio y necesita aceptar la responsabilidad de resolverlo.

En las ciudades en California y otros estados, un sinnúmero de hombres jóvenes que tenían aunque sea un contacto mínimo con las pandillas fueron detenidos y deportados a El Salvador.  En el proceso de ser deportados a un país que casi no conocían, de hecho fueron reclutados por los “maras”.  Ahora El Salvador tiene una de las cifras más elevadas de asesinatos en el mundo.  Efectivamente el gobierno de los Estados Unidos exportó la violencia…

Dos jóvenes, primos hermanos, crecieron en Chicago.  Uno nació aquí y al otro lo trajeron aquí cuando cumplió dos años de edad.  Los dos se metieron en una pandilla al cumplir 13 años de edad. Los dos han sido arrestados en la calle unas cuantas veces.  Aquel que nació aquí pudo graduar de la secundaria,  matricularse en una universidad, establecer una  carrera y una familia.  El otro fue deportado a la violencia de México o el Salvador.

Lo que estamos observando es la intersección de deportación masiva y las acciones de la policía en las comunidades latinas.  Los policías, que ya tienen sus prejudicios en contra de las comunidades de gente de color que no entienden, se encuentran bajo presión de sus superiores de arrestar muchas personas. El resultado es acusaciones de fuerza excesiva o por lo menos una actitud hacia los residentes de nuestras comunidades que les falta respeto.

No debemos aceptar la presión de aceptar la criminalización.  No debemos permitir que Donald Trump guíe nuestro movimiento.  Por eso voy a Washington el 10 de octubre de este año para decirle a la nación “justicia – o verán”.

Si esta nación no acepta responsabilidad por las desordenes que fomenta, se caerá a pedazos.