Nuestros hijos merecen una buena educación

Nuestros hijos merecen una buena educación
Todos los estudiantes, sin importar su raza, ingresos, o país de origen deben recibir una buena educación en nuestras escuelas públicas. /ARCHIVO

El alcalde Bill de Blasio hizo su campaña con la promesa de acabar el cuento de dos ciudades de Nueva York. Pero desde que tomó posesión del cargo, su gobierno no ha cumplido con esta promesa. Pese a las afirmaciones de progreso, el ritmo del cambio ha sido demasiado lento. La excelencia en la educación sigue siendo repartida a unos pocos afortunados, que con demasiada frecuencia no incluyen a  los pobres, las minorías y los niños inmigrantes de nuestra ciudad.

Sueño Negado, un informe publicado la semana pasada, muestra que los  estudiantes que aprenden inglés (ELL) constantemente se están quedando atrasados en las escuelas públicas de la ciudad de Nueva York. De acuerdo con los propios datos del Departamento de la Educación, el 48% de estudiantes de K-8  que están aprendiendo el idioma inglés en las escuelas públicas de la ciudad no hicieron ningún progreso hacia la fluidez en 2014. Sus familias – familias como la mía – vienen a esta ciudad con la esperanza de un futuro mejor. En lugar de eso, se encuentran en una ciudad donde estudiantes que están aprendiendo inglés se están quedando atrás.

Yo he vivido esta experiencia tanto como estudiante que aprendió el idioma de inglés en las escuelas públicas de la ciudad de Nueva York y ahora como una madre de tres niños y guardián de mi hermano menor. Mi madre nos trasladó a los Estados Unidos desde México cuando yo tenía ocho años.  Como muchos niños que crecen en Bushwick, mi hermano mayor y yo asistimos a nuestra escuela de zona local. Cuando empezamos, apenas hablamos inglés. Estábamos constantemente intimidados, no recibíamos la atención que necesitábamos, y nuestra educación sufrió por eso.

Yo tuve suerte. Al ganar el concurso de ortografía española de nuestra escuela, tuve la oportunidad de ser admitida  y asistir a una buena escuela secundaria fuera de nuestra zona. Mi hermano no tuvo tanta suerte. Asistió a la escuela secundaria de la zona. Él fue intimidado y ensangrentado en peleas a diario hasta que se retiró de la escuela a los 17 años. Mi escuela estaba a pocas cuadras de distancia, pero la experiencia fue un mundo aparte. No podía entender la injusticia en aquel entonces, y no la entiendo ahora.

La experiencia de mi hermano no es un caso aislado. Unos 45,100 niños –desde el sur del Bronx a East New York–    pasan de un grado a otro sin aprender las habilidades que necesitan para construir un futuro exitoso.

Esto no es un problema limitado a la instrucción de inglés. De los estudiantes que están aprendiendo inglés, el porcentaje que domina  las matemáticas es “apenas de dos dígitos”. El alcalde De Blasio tiene que enfrentar la realidad de que los estudiantes que hablan inglés como segunda lengua se están quedando atrás por culpa de nuestras escuelas públicas.

Quiero lo mejor para mi hermano menor, a mis hijos, y todos los estudiantes. Cada estudiante debe ser una prioridad. Todos los estudiantes, sin importar su raza, ingresos, o país de origen deben ser bien servidos  por nuestras escuelas públicas y ser una prioridad para la administración de la Alcaldía.

Nuestros hijos merecen la   educación que muchos dan por sentado. Las familias luchan para llegar hasta aquí en nombre de la oportunidad, ahora es el momento de luchar hasta que nuestras voces sean escuchadas. Exigimos escuelas que valoren a nuestros estudiantes por lo que son y que les den la educación que necesitan para realizar sus sueños. No importa el idioma  que hablamos, tenemos una voz con algo que decir. Ya es tiempo que el alcalde De Blasio escuche y responda con un cambio  progresivo.

 

Jessica Ramos es una madre de familia, residente en Bushwick, NY.