Se puede reducir la obesidad sin dejar de comer

Una proteína ayuda a disminuír el peso y la grasa corporal sin necesidad de rebajar la cantidad de comida

La uroguanylina es capaz de reducir el peso y la grasa en animales obesos, sin necesidad de rebajar la ingesta de calorías o alimentos, según demostró un equipo de investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn).

Los científicos del Instituto de Salud Carlos III y de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) han probado el efecto de esta proteína en experimentos con el ratones, un estudio publicado en la revista ‘Diabetes’.

La uroguanylina es una proteína producida en el intestino y que regula el equilibrio del agua en ese órgano y en el riñón.

Durante el trabajo, los ratones obesos recibieron uroguanylina de forma crónica, lo que sirvió para reducir drásticamente tanto el peso como la grasa sin reducir la cantidad de alimento.

Los investigadores vieron que la uroguanylina tiene efecto sobre los dos tipos de grasa del cuerpo: la grasa blanca y la grasa parda.

“Por un lado, la uroguanylina incrementa la actividad de la grasa parda, que quema calorías para mantener la temperatura corporal, y por otro, estimula la diferenciación de grasa blanca, que sólo almacena las calorías, y la grasa parda ayudando así a quemar más calorías”, explica la doctora María Luisa Seoane, del grupo de Fisiopat.

Cuando la uroguanylina se produce y se libera en el intestino, llega al cerebro, que es el encargado de transmitir las señales a la grasa para que la hormona ejerza su efecto antiobesidad.

En la actualidad, el único tratamiento efectivo contra la obesidad es la cirugía bariátrica, lo cual lleva a pensar que aquellas proteínas liberadas por el sistema digestivo deben ser cruciales en la regulación del peso corporal”, sostiene la doctora.

La uroguanylina se une así a la lista de factores procedentes del sistema digestivo que están siendo estudiados como tratamientos de la obesidad.

Obesidad está en el cerebro

Entre un 40 y un 70% de la obesidad tiene un componente genético y, a pesar de que siempre se ha vinculado con la parte media del cuerpo, una gran cantidad de los genes de esta enfermedad están relacionados con el cerebro que hace que estemos más o menos hambrientos o que dejemos de comer o no.

“La obesidad está en el cerebro”, subrayó la doctora Ruth Loos, directora del programa de metabolismo y genética de la obesidad del Instituto de Medicina Personalizada Charles R. Bronfman de Nueva York, en un Simposio Internacional que se celebró en Madrid.

La doctora explicó que la investigación actual tiende hacia el descubrimiento de nuevos genes para entender mejor la biología de la obesidad, “qué es lo que nos hace obesos“, y así poder dirigir los esfuerzos de manera más racional.

También añadió que, con la información disponible en estos momentos, no es posible predecir de manera precisa quién va a ser o no obeso.

De hecho, solo se puede predecir entre un 5 y un 20% de la genética de la obesidad, señaló la experta.

El doctor José María Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genética de la Universidad de Tufts (EEUU), subrayó que la obesidad no es un problema único ni responde a un gen único -de hecho, se conocen unos 200 genes asociados con esta patología-.

El doctor Ordovás explicó que existe un ambiente “obesogénico” en el que vivimos inmersos y al que estamos expuestos (cuando se come, si se duerme más o menos, el estrés, …) y señaló que su conocimiento es el “talón de aquiles”, que “de alguna manera” está entorpeciendo el avance de la investigación.

El experto en nutrición destacó que “el diálogo que existe entre los genes y el medio ambiente en muchos casos se modula a través de la epigenética”, como es el caso del riesgo que los bebés pueden adquirir de ser obesos mediante la alimentación materna durante el embarazo, aunque es un campo aún incipiente.

Además, Ordovás se refirió a la relación que existe entre la obesidad y los niveles socioeconómico y educativo, de tal forma que individuos con un nivel alto y que tienen el gen FTO (el que está más relacionado con esta patología) no llegan a manifestarlo debido a que llevan a cabo unos hábitos de vida saludables.

Por su parte, el doctor Antonio Vidal-Puch, de la Universidad de Cambridge, precisó que el problema de la obesidad no es el exceso de grasa que una persona tiene, sino la cantidad de ésta que llega a otros órganos como el hígado, el músculo o el cerebro que hace que no funcionen bien, lo que se conoce como “síndrome metabólico”.

Vidal-Puch se mostró en contra de políticas de prevención agresivas que “estigmaticen” la obesidad, porque “obeso no es el que quiere sino el que puede”.

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