La grandiosa idea de crear este museo fue de un profesor de historia llamado Sigurour Hjartarson. El profesor, de 72 años, contó que de muy niño tuvo su primer encuentro con penes de animales cuando le entregaron un látigo hecho con un pene de toro.
“Cuando yo era un niño pequeño me dieron el pene de un toro como un látigo para llevar las vacas a pastar y así sucesivamente “, dijo Hjartarson.
“Después de tener el primero, algunos de mis amigos empezaron a traerme penes de ballenas de una estación de caza cercana”, narró el hombre en un documental.
Así las cosas, Hjartarson vio en estos órganos sexuales una oportunidad de educar a las personas creando así el museo del pene.
Ese primer hueso de toro que recibió en su infancia es una parte importante en la colección que ofrece el museo, que abrió sus puertas hace 19 años en la ciudad de Reykjavik.