Mujeres Destacadas 2016: Damaris Hernández

Socia | Cravath, Swaine and Moore LLP
Mujeres Destacadas 2016: Damaris Hernández
Damaris Hernandez

A  principios de marzo, la foto de Damaris Hernández apareció a todo color en la primera página del diario The New York Times. Bajo el título “Una escuela de Derecho abre las puertas a un reino enrarecido”, ella era la protagonista de una historia sobre cómo, con sólo 36 años, llegó a convertirse en socia de uno de los bufetes más prestigiosos de Nueva York.

La abogada de sangre puertorriqueña es la primera socia latina de Cravath, Swaine and Moore LLP, una firma legal fundada en 1819, que es reconocida por sus asesorías sobre fusiones corporativas.

“Mi abuela pensaba que yo quería ser ‘abogadita’ aún antes de terminar la primaria”, cuenta Hernández, quien llegó a Cravath a través del programa de becas AnBryce, de New York University Law School.

Desde que el millonario Anthony Welters creó esta iniciativa hace 15 años –cuenta el artículo– apenas 100 estudiantes y ella han sido sus beneficiarios.

De joven, Hernández era la voz de su abuela, a quien ayudó a asegurarse los beneficios de salud y del seguro social; de su madre, cuando perdió su bodega; de sus amigos, cuando debían llenar reclamos en la Policía.

“Yo quería ser abogada para defender los derechos de la gente que simplemente está buscando una mejor vida”, acota quien tiene dos hijos con su esposo de siete años, Joseph Gilbert.

Ella creció en la empobrecida zona de East New York, Brooklyn, bajo el cuidado de su abuela, porque sus padres debían trabajar turnos de 12 horas para mantener a la familia.

“Mi pasado y mi crianza, particularmente mi relación con mi familia, me ha provisto de resiliencia, valentía y motivación para perseverar”, explica.

Cuando su padre murió inesperadamente, ella tuvo que ayudar a su madre para levantar a sus hermanos menores. Aún así, Hernández logró graduarse en dos universidades de la Ivy League: Harvard University y NYU.

“Una llamada a mi madre, después de un largo día de clases y múltiples trabajos en Harvard, terminaba con su bendición diaria: ‘Dios te bendiga. Y pa’lante mija, pa’lante. Nunca pa’tras ni pa’ coger impulso’”

Esas palabras son el mantra de esta brillante abogada, que ella repite cada vez que enfrenta un obstáculo. “Cuando una puerta se cierra, dos más se abren”. Y vaya que a ella sí le ha funcionado.

 

 

 

 

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