México: Padres del indígena acusan a Migración de la desaparición de su hijo
Maximiliano Gordillo está desaparecido desde el 7 de mayo pasado y los padres dicen saber quien lo hizo
MÉXICO – El cumpleaños de Maximiliano Gordillo era “La Fiesta”, la llegada del primogénito que se recordaba con júbilo desde su nacimiento hace 19 años y hasta el día ayer porque no había a quien celebrar: el muchacho está desaparecido desde el 7 de mayo pasado y los padres dicen saber quien lo hizo.
O al menos tienen información que les hace creer que fueron específicamente dos agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) los que organizaron o permitieron directamente que se lo llevaran de una de sus garitas en e Chablé, Tabasco, cuando el joven indígena oriundo de la comunidad de Socotenango, en Chiapas, se dirigía a Playa del Carmenen busca de trabajo.
“Dicen que no pero sí fueron ellos”, afirma Arturo Gordillo, el padre del muchacho, en una conferencia que ofreció junto con su esposa Antonia Martínez en la Ciudad de México y el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

Los acusados son Rubén Silva, agente Federal de Migración, y Óscar Benjamín Castillo, coordinador de área de Servicios Migratorios, según investigaciones de los activistas; oficialmente, el caso no ha avanzado tras la denuncia ante la delegación de la Procuraduría General de la República en Tabasco.
Enrique Vidal, de Voces Mesoamericanas, fue más allá en las acusaciones y afirmó que, debido a la “jerarquización” del INM la culpa alcanza hasta el comisionado nacional del INM, Ardelio Vargas pasando por el director de la delegación Tabasco, Silvestre Hernández y mucho otros funcionarios más.
La versión oficial de INM narrada a este diario asegura que hasta la fecha la familia no se ha acercado de manera directa para denunciar los hechos y que fue sólo a través del consejo ciudadano que se les pidió que buscaran al muchacho en su base de datos de ingreso a las estaciones migratorias.
“Nosotros buscamos y no encontramos a ninguna persona con los datos que nos proporcionaron, pero no podemos investigar más si no nos dan más detalles de manera oficial, si la familia no se acerca al instituto: aquí nos enteramos sólo a través de los medios de comunicación”, dijo. “No vamos a ser cómplices de nadie: en esta administración hemos procesado a 2,000 agentes por diversas causas o delitos, pero no podemos adivinar las cosas”.
Pedro Faro, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, dice lo contrario: que la organización sí entregó fotos y dio descripciones del chico a la delegación del INM en Tabasco y además le solicitaron sin éxito las grabaciones de las cámaras en Chablé. “Tiene conocimiento de estos hechos hasta el subsecretario de Gobernación Roberto Campa, con quien nos reunimos”.
Aquella noche que se perdió el rastro de Maximiliano (1.50 metros de estatura, moreno, ojos negros, vestido de negro con tenis amarillos) un amigo lo acompañaba. A través de éste se supo que presuntos agentes del INM o policías estatales armados lo confundieron con guatemalteco y que aunque enseñó su credencial para votar no le creyeron que era mexicano, lo bajaron del autobús junto con siete personas y obligaron al resto a seguir su camino.
Las hipótesis que aventuran las organizaciones no gubernamentales son muchas: desde que los agentes lo entregaron al crimen organizado (como ocurrió con los 43 estudiantes de Ayotzinapa), que lo torturaron y se les pasó la mano o que lo deportaron a Guatemala con el nombre de otra persona.
A Antonia Martínez se le rompe el corazón de oir todo esto, de recordar la ausencia de su hijo y en medio de la conferencia se quita y se pone el zapato derecho, cruza los pies debajo de la mesa y finalmente estalla en llanto: “Yo le quiero decir que si me ve, donde quiera que esté le deseo feliz cumpleaños”.