Exigen a salones de uñas mejorar la ventilación ya

Empleadas aplauden entrada en vigor de nueva ley estatal, pero piden a dueños de locales que no esperen los cinco años que tienen de plazo para implementar los cambios
Exigen a salones de uñas mejorar la ventilación ya
Decenas de trabajadoras de la industria de salones de uñas se reunieron en Jackson Heights, Queens para para exigir que la ley que ordena a los locales tener sistemas de ventilación para evitar enfermedades por exposición a químicos se implemente inmediatamente por sitios nuevos y antiguos por igual.
Foto: Edwin Martínez / El Diario

Este lunes entró en vigor una nueva ley en todo el estado de Nueva York que ordena que los salones de uñas tengan un sistema de ventilación mecánico, para evitar que las manicuristas estén expuestas a productos químicos que ponga en riesgo su salud.

Aunque la normativa obliga a los negocios nuevos que abran después del 3 de octubre a tener el sistema operando inmediatamente, da un plazo de cinco años a los locales que ya existen para que cumplan con la regla, algo que preocupa a empleadas como Norma Tapia, quien asegura que en ese tiempo muchas de sus colegas pueden enfermarse.

“Yo trabajo desde hace más de cinco años en diferente salones de uñas de Nueva York, y el contacto con los líquidos que usamos a diario nos afecta mucho”, comentó la ecuatoriana, durante una protesta este lunes en Jackson Heights, Queens, a la que acudieron más de 100 trabajadoras.

Con carteles exigiendo justicia y respeto a sus vidas y a su salud, las empleadas de la industria de las uñas aplaudieron la nueva normativa promovida por el gobernador Andrew Cuomo, pero exigieron a los dueños de los locales que implementen cambios lo más pronto posible.

Todas coincidieron en que los productos químicos, el polvo y las malas condiciones a las que muchas están expuestas, les ocasionan enfermedades pulmonares, alergias, cáncer y hasta daños al sistema reproductor.

“A principio de este año estaba embarazada y me tuvieron que sacar a mi bebé al poco tiempo porque su corazón no estaba bien y los médicos me explicaron que eso me pasó por los químicos tan fuertes que están en mi organismo”, agregó Norma.

Aida Buestan, quien durante 12 años ha trabajado en más de una decena de salones en Brooklyn, Westchester y Long Island, se mostró contenta con la ley que entró en vigor, pero admitió que muchas trabajadoras ya sufren los estragos por la manera como se había manejado el tema de la protección.

“Es bueno que ahora ya contemos con una ley que nos ampare, pero en muchas de nosotras el daño ya está hecho porque en los sitios donde hemos trabajado solo nos usaron. Jamás nos dieron ni guantes ni tapabocas para protegernos y a ellos no les importó”, dijo la madre ecuatoriana, agregando que además de haber sufrido explotación, su salud está muy deteriorada.

“A mí me salieron hongos, tengo cataratas en los ojos, sufro de la columna y los pulmones me duelen, pues hasta me cuesta respirar bien”, agregó, mientras le pidía a las autoridades del Estado que presionen hasta donde más puedan a los propietarios de los salones para que instalen los sistemas de ventilación a la brevedad posible.

Piden paciencia

Shee Liu, propietaria de un salón de uñas en Astoria, recibió bien la nueva ley, pero advirtió que las empleadas deben entender que instalar los sistemas de ventilación implican costos, por lo que les pidió tener paciencia.

Entre tanto, Nadia Marín-Molina, directora asociada del Comité de Nueva York para la Seguridad Ocupacional y la Salud (NYCOSH), describió la nueva ley como un triunfo y explicó que aunque muchas empleadas quisieran que los cambios se implementaran ya, habrá que esperar un tiempo porque se requieren obras de ingeniería.

“Hoy estamos orgullosos del estado de Nueva York por implementar los nuevos estándares de ventilación que le dan prioridad a la salud de los trabajadores y pone nuevas medidas para su salud en los salones de uñas de los Estados Unidos”, comentó.

La mexicana María Cajero, por su parte explicó que en los ocho años que lleva dedicada a su labor de manicurista ha padecido severos dolores de cabeza e irritación en la garganta, por lo que también se sumó a las exigencias para que los salones que ya operan instalen los sistemas de succión de polvo y químicos pronto.

“Se trata no solo de nuestras vidas sino también de la de ellos mismos y las de los clientes. Aunque me gusta mi trabajo, ningún dinero del mundo paga los problemas de salud”, agregó, mientras gritaba con sus compañeras la frase “si no hay como respirar, no dejemos de luchar”.

Escenifican los riegos

Las trabajadoras, principalmente de Ecuador, México, Corea y Nepal, se unieron también en una muestra de teatro con la que presentaron un número que pretendía educar sobre los daños y riesgos de estar en salones sin protección.

“Los dueños han estado protestando porque les importa más el dinero que la salud, pero nuestra salud no tiene precio”, comentó Sandra Leime, quien hizo un llamado a sus compañeras para que se unan contra los patronos que no cumplan la ley.

El gobernador Cuomo por su parte manifestó nuevamente su apoyo a las manicuristas.

“Las trabajadoras de los salones de uñas han sido ampliamente explotadas y expuestas a químicos peligrosos con poca o ninguna protección”, dijo el mandatario. “Estas nuevas regulaciones harán de los salones en Nueva York los más seguros para los empleados y clientes en cualquier lugar y son un ejemplo más del compromiso de nuestra administración para proteger a los empleados vulnerables y transformar los sitios de trabajo de todo el estado en lugares más seguros”.

La nueva ley forma parte de un conjunto de medidas promovidas desde el año pasado por el gobernador Cuomo, que pretenden crear un ambiente de trabajo más seguro y con mayor equidad.

Datos:

5,000
aproximadamente son los salones de uñas en todo el estado.

2,000
estarían solamente en la Gran Manzana.

Unas 30,000 empleadas trabajan allí

Más del 50% de las empleadas son hispanas

115
investigadores tenía el Departamento de Trabajo en todo el estado para inspeccionar estos negocios.

56
de los investigadores están en la ciudad de Nueva York.