El arsenal de armas que salvaría a habitantes de Alaska en una guerra nuclear

La última línea de defensa de Alaska podría estar en una remota base militar de la era de la Segunda Guerra Mundial
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El arsenal de armas que salvaría a habitantes de Alaska en una guerra nuclear
El régimen norcoreano transmitió imágenes del lanzamiento de un misil intercontinental.
Foto: REUTERS

Robert Edwardson no es suficientemente viejo para recordar el punto álgido de la Guerra Fría, y nunca ha practicado esconderse bajo su escritorio escolar para protegerse de una explosión nuclear.

Pero a los 51 años, Edwardson sí se acuerda del espectro de la “Amenaza Roja” (“conspiración comunista”), al otro lado del océano desde su hogar en el estado de Alaska.

En los primeros días del largo estancamiento entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la proximidad de Alaska al “enemigo comunista” llevó a que los oficiales militares estadounidenses temieran una invasión.

Reclutaron a una red de ciudadanos espías en el entonces territorio estadounidense -pescadores, pilotos particulares, mineros- y les dieron instrucciones de que se escondieran en sitios clave para monitorear los movimientos de las tropas soviéticas.

La amenaza de una invasión pasó pronto y fue reemplazada por la amenaza de la bomba.

Los cazabombarderos estadounidenses B-52 pasaban zumbando sobre Alaska a todas horas, listos para dirigirse hacia Moscú.

Se desplegaron misiles en el estado apuntando a las ciudades soviéticas. Los misiles soviéticos apuntaron de regreso.

Entonces, ambos estaban seguros que la destrucción sería mutua, afirma Edwardson, que vive en Juneau. Todos teníamos mucho qué perder.

Ahora hay una nueva amenaza nuclear, la de Corea del Norte, que el martes probó con éxito un misil balístico intercontinental (ICBM en sus siglas en inglés) que podría ser capaz de llegar a Alaska.

Corea del Norte tiene menos qué perder y es más impredecible, afirma Edwardson.

“Esto parece ser más una amenaza”, indica. “La historia reciente muestra que son impulsivos. El hecho de que están probando misiles ICBM es impulsivo”.

Edwardson responsabiliza a la administración de Trump y a los pasados gobiernos estadounidenses de que Alaska esté en el punto de mira.

“Ninguna administración estadounidense ha tratado con Corea del Norte de forma efectiva”, asegura.

“Pero creo que esta administración probablemente es la menos capaz de manejarla“.

Edwardson afirma que tiene “esperanzas de que la administración logre reducir las probabilidades de que los norcoreanos obtengan un ICBM totalmente funcional. Tengo esperanzas, pero no optimismo”.

Si Corea del Norte logra obtener un ICBM totalmente funcional, la última línea de defensa de Alaska podría estar en una remota base militar de la era de la Segunda Guerra Mundial en el Fuerte Greely.

La base alberga 44 interceptores de misiles. El arsenal que fue reforzado con 12 misiles más por el presidente Obama en 2014 y, con suerte, podría derribar del cielo un misil nuclear norcoreano.

En las pruebas, los interceptores han mostrado una tasa de éxito de 50%.

El congresista alaskeño Don Young está presionando al gobierno federal para obtener 28 interceptores más para instalarlos en el Fuerte Greely.

“Las recientes acciones de Corea del Norte, un régimen irracional y sin escrúpulos, pone de manifiesto la importancia de los sistemas de defensa de misiles de Alaska”, dijo en portavoz de Young en una declaración tras el lanzamiento norcoreano.

La senadora Lisa Murkowski llamó a la prueba “un asunto de grave preocupación” y “no un motivo de complacencia”.

No todos se mostraron tan preocupados.

A cientos de kilómetros de distancia del Fuerte Greely, en Fairbanks, la segunda ciudad más grande de Alaska donde dos bases militares podrían ser buenos blancos, una de sus residentes, Kelsey Skonberg, afirma que ahora que comenzó el verano, le preocupan más los peligros de la pesca.

“Recientemente ha habido muchos accidentes de pesca aquí”, afirma. “Y no quiero sonar como una alaskeña estereotípica, pero también hemos tenido muchos ataques de osos este año, para ser honesta“.

Es poco probable que los residentes de Fairbanks tomen alguna medida radical, dice.

“No hace mucho tiempo tuvimos ese vuelo de reconocimiento ruso (de un cazabombardero), ahora, de pronto estamos en el escenario internacional otra vez”.

“Esto no va a cambiar nuestra vida diaria. Estas cosas vienen y van”.