2018: un nuevo comienzo en medio de la adversidad

Un exrecluso en libertad tras 35 años en prisión, una soñadora que perderá DACA, una familia puertorriqueña sobreviviente al huracán María y una madre víctima de violencia doméstica, narran sus deseos para el nuevo año

2018: un nuevo comienzo en medio de la adversidad
Jose Velez habla de su experiencia en la carcel por 35 años y cuales son los deseos para el 2018.
Foto: Mariela Lombard / El Diario NY

El 2018 está por comenzar y mientras los neoyorquinos se preparan para ver descender la famosa bola de Año Nuevo en Times Square, millones de residentes de la Gran Manzana hacen sus cábalas y piden sus deseos para los 365 días que están por venir. Y aunque para muchos el 2017 fue un año que pasará a la historia con buenos recuerdos, para otros, fue una época de lucha contra las adversidades, por lo que esperan que el año nuevo sea un renacer, cargado de mucha prosperidad.

Esas son las esperanzas de la puertorriqueña Yoselín Quiñonez, quien lo perdió todo con el Huracán María que azotó a su isla, la mexicana Dolores G, víctima de violencia doméstica, el boricua José Vélez, quien recobró su libertad tras 35 años en prisión y Ángeles Méndez, una “soñadora” mexicana de 19 años, que perderá la protección ofrecida por DACA, si el Congreso no aprueba una ley antes de marzo próximo. Cuatro historias y un mismo sentir donde reina el positivismo, y donde reciben el 2018 con esta frase popular: “pa’ lante como el elefante”.

Vientos de fe tras Huracán María
En septiembre pasado Yoselín Quiñones y su familia perdieron todo en su natal Puerto Rico, tras el paso del huracán María que sembró devastación a su paso. La joven de 28 años, su hija de 9, su esposo, su madre, su hermano, su cuñada y sus dos sobrinos de 5 años y 18 meses, no lo dudaron dos veces, y se vinieron a Nueva York, a la casa de un familiar. Luego la Agencia Federal de Emergencias (FEMA) los ubicó en un hotel en Whitestone, Queens, que se ha convertido en su hogar durante más de un mes, pero ellos sueñan con un 2018 diferente.  “Este tiempo aquí ha sido muy difícil. He estado en busca de empleo, pero no consigo nada, mi hija estuvo hospitalizada porque le dio un virus que le causa severos dolores en el estómago, mi madre que tiene cáncer no ha recibido sus medicamentos y estamos aquí, pero llenos de positivismo esperando que el nuevo año nos traiga una vida nueva”, comenta con mucha esperanza la enfermera. “Entre mis planes para el 2018 no está regresar a Puerto Rico, porque allá la cosa está muy mal. Me imagino un 2018 con mi casa propia, con un empleo, que mi hija tenga todo lo que necesita, que mi madre esté bien y todo mi núcleo familiar”.
Con cierta nostalgia, la madre boricua, originaria de Juncos, admite que es duro saber que a diferencias de otros años en su isla natal, esta vez ni la parranda, el pernil, la ensalada de papa, los pasteles ni el arroz con gandules, típicos de las celebraciones de Año Nuevo, estarán presentes, pero comenzarán el 2018 con una enseñanza: la vida cambia en un abrir y cerrar de ojos. “Lo que más aprendí con todo lo que nos ha pasado es que uno no tiene nada seguro y que sin esperarlo, a veces uno puede terminar como mismo empezó, pero no importa cuántas veces caiga, ni por qué motivo, lo importante es poder levantarse y mantenernos unidos como familia para salir adelante”.

Esperanzas tras adiós a los maltratos
El 2018 para la mexicana Dolores G significará un parteaguas en su vida. Luego de años de abusos físicos, verbales y emocionales, por parte del padre de sus dos hijos, finalmente hace unas semanas decidió darse una nueva oportunidad, sola, pero tranquila y feliz. “Por mucho tiempo siempre daba excusas tratando de justificar los golpes de mi marido y pensaba que tenía que aguantarme para no quitarle el papá a mis hijos, pero finalmente entendí que yo tengo valor y que nadie que te ame te hace daño y este año que va a empezar voy a poder salir adelante solita, con la ayuda de Dios”, comenta la mujer, quien anhela un comienzo, dejando atrás la violencia doméstica que padeció. “Confieso que me espanta mucho la incertidumbre del nuevo año, porque muchas cosas van a ser nuevas para mí, pero ya estoy trabajando en una casa y lo único que me falta es poder conseguir un departamento propio para que mis hijitos y yo nos sintamos más cómodos”, agrega la mexicana, al tiempo que manifiesta querer ser una voz de cambio entre sus conocidas. “Este 2018 no solo va a ser para mí, también con las señoras del grupo al que voy y que me ayudaron, vamos a seguir mostrándole a otras paisanas que la violencia doméstica mata y que hay que renovarnos. Si yo pude, ellas pueden”, dice Dolores.

Angeles Mendez, Dacamentada, residente de Staten Island.

“No soy un criminal… soy un ser humano”
El 5 de enero de 1981, con apenas 17 años de edad, y en plena celebración del año nuevo, José Vélez fue arrestado por la policía, por haber acabado con la vida de un hombre en Brooklyn, que intentó robarlo. En un abrir y cerrar de ojos pasó 35 años en prisión, y aunque desde hace unos meses, con 54 años cumplidos, está fuera de la cárcel, aún se siente “preso” y perdido en su nueva vida. “A mí no me soltaron, a mi me escupieron para afuera, como cuando alguien masca tabaco y se cansa de esa saliva y la escupe. Así me siento, porque el sistema está diseñado para no ayudar a nadie, sino para que las personas que están saliendo de prisión fallen en todo aspecto”, comenta el puertorriqueño, quien en el 2018 espera seguir su lucha para adaptarse a un mundo donde se siente bastante extraño. “Yo ni siquiera sé usar muy bien una MetroCard, ni una computadora, porque es que cuando uno sale uno está perdido, es como si a Tarzán lo trajeran de un día para otro de la selva, con su traje de tres piezas a la ciudad”, dice el boricua, agregando que a pesar de haber recobrado su libertad, quiere dejar los malos recuerdos del 2017 atrás y mirar hacia adelante. “Me gustaría tener algo solido con respecto a empleo. Ante todo quiero mi propia independencia. Siempre he sido responsable y quiero ser parte de la sociedad, pagando impuestos y ser aceptado como ser humano, porque al salir de prisión nos ponen una chapa que nos discrimina. Pero yo no soy un criminal. Yo estuve tiempo en prisión pagando por mis acciones, pero no soy un delincuente que estuviera aterrorizando a comunidades ni cometiendo crímenes. Soy una persona que vivió un incidente donde lamentablemente una persona perdió la vida”, comenta el exrecluso, quien realizó una pasantía en Fortune Society ayudando a preparar a personas que salen de prisión para entrevistas de trabajo, y quien está a la espera de un trabajo fijo como coordinador en esa organización. “Yo espero que el 2018 me sonría más… este año tanto que mi familia decía que me quería afuera en libertad, pero cuando me soltaron nadie estaba listo para sentarse y hablar conmigo como un ser humano. Yo traté, puse mi granito de arena, pero me miraban como un extraño. Y no voy a culpar a nadie, no los voy a juzgar, pero ese ambiente me produjo mucho estrés y depresión, y fue la gente de Fortune Society la que me acogió y me ha dado la mano”.

Con un tomo muy calmado y teniendo claro lo que añora para el año por venir, José asegura que el 2018 será el tiempo para dedicarse a él mismo, antes de pensar en formar una familia y hasta en volver a sentir lo que es tener un hijo, experiencia que vivió con su única pequeña, quien perdió la vida cuando tenía cuatro años, irónicamente en un accidente de tren mientras la llevaban a visitarlo a la cárcel; algo de lo que afirma se sentirá culpable durante toda su vida.
“Para ser franco, yo no celebro días de fiestas porque no tienen ningún significado para mí, pero tengo en mente que este año tengo que hacer por mí primero, antes de poner a nadie por delante, antes de comprometerme con alguien, porque primero tengo que retomar mi propia vida. Pero al mismo tiempo veo el 2018 como el año de mantener mi positividad y el esfuerzo que estoy haciendo con otros presos para ayudarlos a entrar a la sociedad. Como decimos los boricuas: ‘pa’lante como el elefante’”.

En pie de lucha por una reforma migratoria

Ángeles Méndez apenas tiene 19 años, pero a juzgar por su manera de hablar, parece haber librado mil batallas. Y faltando menos de tres meses para que se oficialice la orden del Gobierno Trump de poner fin a la protección de DACA a unos 800,000 jóvenes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo menores, la mexicana está lista para asumir un 2018 como toda una guerrera. “Este año esa será nuestra lucha, que aprueben una ley de los Soñadores justa, que no solo sea buena para los Dreamers sino para las familias que estamos esperando una oportunidad para mejorar nuestro futuro. Por eso no aceptamos que el Congreso diga que nos apoya, pero al mismo tiempo apoya las operaciones de ICE y el muro, porque eso es criminalizar a nuestras familias”, comenta la residente de Staten Island, quien trabaja en una tienda de ropa y a su vez estudia artes liberales y sueña con ser maestra de historia. “Para este 2018 quisiera que por fin dejen de motivar el miedo y el odio y que también pasen una amnistía para nuestras familias, pues el crédito de lo que hoy somos es de nuestros padres”.

La joven, nacida en Puebla confiesa que le da mucho coraje ver como muchos políticos celebran el inicio del año rodeado de sus familias y la tranquilidad de sus hogares, ignorando el dolor y la tristeza que viven millones de inmigrantes en toda la nación. “Hace unos días en California ‘La Migra’ agarró a mi tío que lleva muchos años aquí y todos estamos muy tristes, pero cosas como esas me dan más fuerzas para decir bien claro que en el 2018 voy a estar lista no para ser deportada sino para seguir luchando por nuestros derechos”.