La caridad no podrá calmar el hambre en NYC

El presupuesto de Trump llama por un recorte del 30% en SNAP
La caridad no podrá calmar el hambre en NYC
El 56% de las despensas y comedores públicos no pudieron atender a quien lo necesitó el pasado septiembre.
Foto: Photo by John Moore/Getty Images

La Casa Blanca ha propuesto en su presupuesto de las cuentas del Estado cambios para la red social. Una de las cuestiones que más atención ha reclamado es la propuesta de Donald Trump de sustituir la tarjeta de compra de comida por cajas con alimentos (no frescos) pero en el Food Bank de NYC, el mayor del país, ha sido el recorte en la cantidad destinada al programa de alimentación SNAP lo que ha generado la mayor preocupación.

Lo que el Gobierno quiere es una reducción de la financiación del 30% del programa que en el caso de la ciudad de Nueva York tiene una financiación anual de unos $3,000 millones. Es algo que se une a la propuesta reducción del 45% en el Programa de Asistencia de Comida de Emergencia en el presupuesto del alcalde Bill de Blasio.

La presidenta del Food Bank de NYC, Margarette Purvis, explicaba este jueves en la Conferencia sobre Hambre y Pobreza que se celebraba en un hotel de Times Square, que un recorte del 30% es “diezmar el programa”. “Es un tercio que se queda fuera”, explicaba enfáticamente antes de ponerlo en perspectiva: “hay vecindarios de Nueva York en los que la mitad de los habitantes están en el programa SNAP”.

“Para mucha gente en Brooklyn todo lo malo que han hecho es vivir en su zip code y tener que dedicar el 60% de sus ingresos en pagar la renta”, explicaba sin poder evitar transmitir la frustración de quien ya ha visto los límites de lo que los servicios de caridad pueden hacer para intentar compensar lo que el Gobierno recorta. Brooklyn es uno de los condados de la ciudad donde hay más personas con problemas para hacer frente a sus necesidades de alimentación.

“El programa SNAP da más comidas en 10 semanas de lo que las despensas y los comedores públicos pueden proveer en un año”, explicaba Triada Stampas, responsable de análisis y relaciones con el gobierno del Food Bank.

A Stampas no le faltan datos a la hora de explicar las estrecheces que ya tienen –antes de estos recortes propuestos– las organizaciones que proveen comidas gratis a quienes tienen hambre y, con o sin SNAP, necesitan más ayuda.

“El pasado septiembre, el 56% de las despensas y comedores no tuvieron suficiente para atender a quienes lo necesitaron. La oferta total de comida ya es insuficiente para hacer frente a la demanda”, explica Stampas. “Sugerir que las organizaciones de caridad pueden hacer la diferencia es …”. Esta experta terminó esa frase subiendo los hombros, moviendo la cabeza de lado a lado, dando a entender la imposibilidad de hacerlo. Minutos antes, la gestora de un programa de cuatro despensas y cinco comedores, declaraba que su sector es “un campo de batalla”.

Desde el Food Bank de NYC siempre se ha recordado que el programa SNAP es la primera línea de defensa contra el hambre y que las organizaciones que abren despensas y comedores públicos son una red limitada. “Cuando los programas como el SNAP se reducen, más familias acaban en las filas de los comedores y despensas y más negocios locales sienten el impacto negativo, por eso es por lo que nuestra red está tan preocupada”, explicaba Purvis.

La red de este banco y otras organizaciones lleva ya mucho tiempo contra las cuerdas y teniendo que mandar a clientes a sus casas sin atenderles en muchos casos por falta de suministros. Stampas recordaba que en 2015 ya se recortó el programa de cupones de comida un 5%, lo que se notó inmediatamente en las provisiones de estas organizaciones de caridad.

Purvis lamentó estos recortes que justificó diciendo que no hay interés en los pobres.

Stampas explicaba que muchas de las posiciones que se establecen en los presupuestos no salen adelante pero lo que le preocupa es que en vez de aprobarse en las cuentas del Estado el vehículo para la aprobación de estas medidas sea la “Farm Bill” cuya reautorización se negocia en abril.  La llamada Farm Bill es donde se legisla sobre este suplemento de alimentación.

Miedo o hambre

El año pasado tras la llegada de la Administración Trump al poder el miedo se apoderó de muchos inmigrantes en la ciudad. Muchos negocios latinos que principalmente atienden a latinos vieron desplomarse sus ventas y eso es algo que también se notó en las filas de los bancos de alimentos. Ahora se está volviendo a hablar de una propuesta que penalizaría a los residentes que usan la red social al negárseles la ciudadanía. Triada Stampas explicaba ayer que algunos inmigrantes que usaban sus servicios para procesar las peticiones de SNAP han pedido que se retiren para no recibir este suplemento alimenticio, a pesar de que esta restricción de la ciudadanía no sea una realidad en este momento.

Stampas explica que bajo la premisa de que se va a primar el trabajo a la hora de acceder a la red social, se quiere elevar de 49 a 62 años la edad con la que se condiciona la concesión de SNAP a un trabajador. Se tiene que laborar durante al menos 20 horas a la semana (pagadas o no) o entrenarse para un empleo para poder tener este subsidio. Si no se hace solo se puede conseguir SNAP durante tres meses en tres años. Los estados podían eliminar estas restricciones cuando el desempleo es elevado pero la Administración quiere acabar con esta excepción.