En las guerras comerciales hay víctimas

Agricultura y ganadería pueden sufrir un fuerte revés por las represalias de China

Larry Kudlow, el nuevo asesor económico del presidente Donald Trump, es un hombre que históricamente ha defendido el libre comercio en su programa de televisión. Por eso, cuando se están hablando de tarifas para  aluminio, acero, soya, maíz, carros, televisiones, maquinaria médica e industrial además de químicos y productos derivados del cerdo por parte de China y EE UU, Kudlow ha querido puntalizar que no se ha pasado aún de las palabras y que no hay una guerra comercial.

No obstante, se está tomando nota de la subida de tono de la discusión y de los sectores señalados por EE UU y China ya que el presidente insiste en la necesidad de rebajar el déficit comercial y promocionar su agenda de American First. En la noche del jueves se supo que la reacción de Trump a las posibles represalias del país asiático ha sido declarar que impondrá más tarifas aún sobre porductos chinos por valor de $100,000 y no los $50,000 previamente anunciados.

Algunos sectores, sobre todo el aganadero y agrícola en el que trabajan muchos latinos en buena parte del país, ya están lamentando la actual situación. En particular los exportadores de cerdo están calculando que si se llega a la disputa con aumento de tarifas comerciales el trabajo en el campo y las granjas va a registrar un fuerte revés.

Desde el American Farm Bureau Federation se recuerda que The Trade Partnership Worldwide hizo un estudio a principio de marzo que sugería que aunque las tarifas a la importación de aluminio y acero permitirían que se crearan 26,000 nuevos trabajos en este sector de los metales, se destruirían 146,000 en el resto de los sectores. Esto fue antes de que se dejara fuera de la confrontación a socios como Canadá, México y la UE y se temía que buena parte de ellos se pierdan en el campo. “Por cada trabajo ganado se perderían cinco”, concluían en este informe.

El alcance de la guerra comercial no será global pero son los negocios del campo los que se siguen viendo en el lado de los perdedores de esta confrontación, máxime cuando China ha centrado su represalia en el ganado y las cosechas. El presidente de esta Federación, Zippy Duvall, explicaba mediante un comunicado, que la reacción de China a las tarifas propuestas por EEUU están poniendo a prueba “la paciencia y el optimismo de las familias que están haciendo frente a la peor economía en el campo en los últimos 16 años”. “Esto tiene que acabar”, enfatizaba.

A nivel nacional, el año pasado se exportaron $663 millones de dólares en carne de cerdo a China y lo que se teme es que otros mercados aprovechen el hueco que dejan los productos encarecidos de EE UU.

La guerra no está en marcha aún como dice Kudlow pero si están en guardia los banqueros que tienen que extender créditos a agricultores, las aseguradoras y los mercados de futuros y esto cuesta dinero. “Tenemos que pagar facuras y deudas, no podemos permitirnos cerrar ningún mercado, y mucho menos uno tan importante como China”, dicen en esta federación. 

Desde que se conoció la reacción de Trump a las represalias chinas las bolsas no han hecho más que penalizar con caídas la posibilidad de la confrontación comercial.