Comercio: es la guerra y los consumidores la pagan

Las tarifas comerciales las pagan los consumidores de las importaciones
Comercio: es la guerra y los consumidores la pagan
EEUU y China tienen una de las relaciones comerciales más importantes del mundo.
Foto: Getty Images

“Las tarifas son un impuesto a las familias americanas”, recuerdan una y otra vez los comerciantes además de institutos de estudio que normalmente comparten las decisiones de los gobiernos conservadores.

El último en hacerlo fue Matthew Shay, presidente de la Federación Nacional de Comerciantes Minoristas (NRF) que envió un comunicado en la noche del lunes poco después de que el presidente impusiera una ronda más de tarifas o aranceles del 10% a productos importados de China por valor de $200,000 millones a partir del 24 de septiembre.

Estas tarifas podrían ser del 25% tras las fiestas de fin de año que es cuando más compras se hacen y la amenaza es que afecten a productos por valor de $267,000 millones.

En total, la penalización a importaciones — que son sobre todo de productos electrónicos y electrodomésticos, textiles, ropa y plásticos entre otros– se asumen de forma inmediata por los consumidores americanos o los comercios que no deseen perder clientela y asuman los costos que han de pagarse en las aduanas del país.

Los consumidores y las empresas son la primera trinchera de la guerra comercial abierta por un presidente que se ha fijado como objetivo reducir el déficit comercial de $375,000 millones anuales que tiene EE UU con China (2017).

“Con los últimos aranceles muchos trabajadores verán como las facturas de sus compras son más elevadas y sus presupuestos más ajustados”, explicaba Shay. Trump ya impuso hace meses aranceles a la importación de productos chinos por valor de $50,000 millones.

No es casual que esté previsto que las tarifas suban tras la época de compras. No obstante, Trump dijo que “China nos está pagando miles de millones de dólares en aranceles” dando a entender que era una sanción al país no a los productores (algunos de ellos estadounidenses) y consumidores de los productos de este país.

El Gobierno de Pekín respondió con la misma medida en apenas horas y el mismo 24 de septiembre entrarán en vigor aranceles a productos agrícolas, equipamiento de transporte, minerales y otros productos que EEUU exporta a este país por valor de $60,000 millones.

El economista Ben Steil y el analista geoeconómico, Benjamin Della Rocca del Council of Foreign Relations, advertían que los cálculos de la Administración Trump pueden ser errados. “La idea de que si América deja de importar estos bienes es que se empezarán a hacer aquí”. En el pasado ha ocurrido en algunas ocasiones pero no se han rebajado significativamente los precios además, ahora, los flujos comerciales son más complejos y no siempre de productos finales.

El matiz de Steil y Della Rocca es que con “una tasa de paro del 3.8%, el nivel más bajo en 18 años, hay muy poca capacidad remanente que se pueda dedicar a conseguir este objetivo (más producción)”.

“El efecto conjunto de la tarifa es, por tanto, reducir la capacidad de compra del consumidor con precios más altos no crear más empleo más crecimiento o más exportaciones netas”, explican. Si la subida de precios es muy elevada termina perjudicando al exportador por vía de la rebaja del consumo, que es crucial en la composición del PIB de Estados Unidos. Es decir, todos pagan, antes o después.

De hecho, los analistas de Oxford Economics creen que los efectos de la guerra comercial con China, la UE y otros socios comerciales pueden suponer un serio riesgo para el crecimiento global. “Las perspectivas de una mejora de las relaciones son bajas en el corto plazo porque las posiciones están muy alejadas pero la posibilidad de que se busque rebajar el tono subirá por el impacto económico creciente en EEUU que hará a Trump menos combativo y a China darse cuenta de que tiene que hacer concesiones para integrarse en la economía global”.