Estudiante de Estados Unidos violada en el metro de Madrid, en España

El suceso ocurrió a las cuatro de la madrugada cuando la chica se encontró perdida sin más transporte en la madrugada

Andrea Sicignano se subió a un autobús para regresar a casa, cuando vio a un hombre que la miraba fijamente. No apartó sus ojos de ella ni un segundo, hasta que al autobús terminó su recorrido.

Lo que la pobre estudiante, originaria de Lindenhurst, una pequeña villa del estado de Nueva York, no sabía es que ese hombre la miraba con una única intención: violarla.

La estudiante norteamericana, vivía en Madrid, España, desde hace seis meses, comprobó demasiado tarde que que había tomado la línea equivocada. Pero ya era de noche y no había más trenes. Era de noche y todo el pasaje, salvo ella y otro viajero, abandonó la zona a pie.

El metro cerró, tampoco pasaban autobuses a esas horas. Sin saber dónde estaba, completamente perdida en una gran ciudad europea, la joven se sentó en la parada para averiguar el camino de vuelta.

El hombre la seguía vigilando sin que ella lo supiera, hasta que, de repente, tras declinar su ayuda,  notó que la agredían. De forma muy violenta, la golpeó y la violó.

“Me golpeó en la cara una y otra vez hasta que no pude pelear más. Y me violó”, escribió la víctima días después en sus redes sociales. Fue muy valiente haciéndolo, porque la culpa no deja de abandonar a las víctimas en estos casos. Pero como recuerdan los psicólogos, es importante que la víctima aleja cualquier pensamiento negativo acerca de si provocó esa situación o si la pudo haber evitado. Ninguna mujer es culpable de que la violen y la golpeen, es la víctima. El agresor es el culpable y debe ser castigado.

Aquel hombre intentó ganarse la confianza de la chica, ofreciéndole ayuda, pero pronto Andrea se dio cuenta de que era un poco extraño el modo en el que la miraba y que podía estar en peligro. Intentó irse, pero ya no pudo salir corriendo.

El agresor le arrebató el teléfono y comenzó a golpearla con fuerza mientras la amenazaba y recordaba que tenía su celular y no podía llamar a nadie para pedir ayuda.

El ataque fue tan violento que Andrea fingió estar muerta: “Cerré los ojos con la esperanza de que cuando los abriera se hubiera ido”, cuenta desde las páginas del periódico español ABC.

Por suerte, el hombre ya fue detenido por la policía.