Empleadas domésticas víctimas de abuso sexual unen fuerzas para denunciar

Aunque no existen cifras exactas sobre abuso en casas de familia en Nueva York, organizaciones aseguran que esta problemática silenciosa está en aumento
Empleadas domésticas víctimas de abuso sexual unen fuerzas para denunciar
Blanca Collaguazo habla con Maria Perez. Abuso sexual a empleadas domesticas.
Foto: Mariela Lombard / El Diario NY

Hace casi dos años, Blanca Collaguazo trabajaba en una casa de familia en Brooklyn, como empleada doméstica, y aunque asegura que en los 12 meses que llevaba allí se sentía cómoda realizando los quehaceres para una pareja que la contrató, una mañana sintió que su vida pasó del cielo al infierno.

Había llegado a las 9:00 a.m., como de costumbre, la señora de la casa se había ido de viaje, y solamente estaba su jefe, quien de manera apurada le pidió que lavara primero el baño. Ella no protestó y cuando comenzó a limpiar el cuarto de baño vio a su jefe llegar detrás suyo, dominado por una mirada que parecía desnudarla y su respiración acelerada.

“Limpia bien la tina que quiero tomarme un baño contigo”, le dijo el patrón a Blanca, según ella misma cuenta, sin quitarle los ojos de encima. Y aunque a ella el comentario le pareció atrevido y le molestó, prefirió ignorarlo. Luego el hombre regresó y le pidió que se subiera a una escalera para limpiar el techo. Allí empezó el calvario de la madre soltera, quien con aquel trabajo mantenía a sus dos hijas.

“Quiero hacer el amor contigo”, le dijo el jefe a la ecuatoriana, luego de bajarla de la escalera a la fuerza, sosteniéndola bruscamente por la cintura, mientras ella le pedía que la soltara.“Dame un besito, solo un besito”, fue la respuesta del patrón ante sus reclamos.

En medio de su desespero, Blanca trató de persuadirlo: “Mire señor, usted es el jefe y yo soy una simple empleada, esto no está bien. A usted yo no le he visto con ojos de hombre. Yo soy una madre soltera, tengo hijas y solo vengo acá es a trabajar”, le dijo la mujer a su agresor, quien le respondió que él no le estaba pidiendo matrimonio. “Solo quiero pasarla rico. Además nos vamos a proteger. No tiene nada de malo. Yo también soy hijo de una madre soltera. Soy hijo del jefe de mi mamá”, respondió el hombre, bloqueando la salida del baño, mientras no cesaba en sus intenciones de abusarla sexualmente.

María Pérez, 45, de México. Abuso sexual a empleadas domésticas.

Pensé que mi patrón iba a violarme y que después me iba a matar dentro de esa bañera. Estaba muy asustada. Lo único que hacía era rezar y pedirle a Dios que no dejara que ese señor me hiciera daño. Fue un momento lleno de horror. Tuve miedo a ser violada, a no volver a ver a mis hijas. Me hizo sentir como una basura, como un objeto”, recuerda la empleada, en medio de las lágrimas, reviviendo aquel momento.

“Luego le dije que este país hay leyes y que tenía que respetarme porque lo podía denunciar y me dijo: ‘¿crees que te van a creer a ti? Yo tengo amigos abogados, con buenos trabajos, pero tú, qué puedes hacer. Si mi mujer se entera te va a llamar a inmigración inmediatamente. Hazlo para que veas’. Me quedé callada. Luego de unos días me volvió a llamar para que siguiera trabajando. Regresé solo por la necesidad. Pero se desquitó porque no quise acostarme con él. Me hizo trabajar tres semanas y nunca me pagó”, dijo la ecuatoriana.

Unen sus voces para darse apoyo

La madre de 33 años ahora es una activista y defensora contra el abuso sexual a las empleadas domésticas en la organización Make the Road, donde han formado un grupo de apoyo para que su historia no la tengan que repetir otras mujeres. Y precisamente cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, recuerda que han unido sus voces para ayudarse y hacer denuncias.

Según Modesta Toribio, jefe del grupo de lucha por los derechos de los trabajadores de la organización Make the Road NY, casos como el de la ecuatoriana no solo son comunes en Nueva York, sino que se han ido incrementando, y asegura que en buena parte hasta la llegada de Trump a la Presidencia ha incidido.

“Lamentablemente estas situaciones incómodas que están viviendo las mujeres han ido aumentado desde que tenemos la nueva Administración”, dijo la activista, recalcando que un problema para que se haga justicia es que ante el miedo a represalias, la amplia mayoría de las víctimas opta por el silencio. “Los patronos están utilizando mucho la intimidación con las trabajadoras domésticas y ellas prefieren sufrir esos abusos para mantener el trabajo”. Solo en casos extremos deciden hablar y lo denuncian.

“La mayoría de empleadas domésticas prefiere levantar quejas por robo de salarios, por malos empleadores, pero ellas mismas piden no irnos por el lado de denunciar el abuso, porque tienen mucho miedo, o porque las amenazaron sus patronos con llamarles a ‘La Migra’ o porque se sienten con una vergüenza que sin ser culpa de ellas, las hace sentir que son culpables”, agrega la líder comunitaria, explicando que de 10 casos de empleadas que atiende semanalmente su organización, actualmente solo 2 han denunciado al patrón por agresiones sexuales.

La líder comunitaria, quien confesó también haber sido víctima de acoso sexual y toqueteos por parte de un patrono cuando ella era empleada, hizo un llamado a las autoridades para que se endurezcan los castigos a los agresores. A pesar de que recientemente el gobernador Cuomo pasó una serie de normas para proteger más a las mujeres de abusos sexuales en sitios de trabajo y que la Ciudad adelanta campañas de educación sobre el tema, Toribio dice que no es suficiente.

Necesitamos promover leyes de responsabilizad a los patronos, porque no basta con concientizar a las mujeres, si las acciones contra los agresores no son fuertes. Si ellos saben que van a ser arrestados van a parar, de lo contrario no. La Ciudad está haciendo mucho, pero los casos van en aumento”, dijo la dominicana, explicando que estar en casas de familia hace más propensas las agresiones a las empleadas. “Ellas son más vulnerables, porque están dentro de un espacio muchas veces solas con el patrón y eso a los agresores les da un espacio de más de facilidad para agredir de manera disfrazada”.

“Tienen que tragar sus dolores”

María Pérez, quien trabaja en una casa de familia hace 7 años, y quien es madre de dos varones de 10 y 4 años, asegura que actualmente está “bendecida”, porque trabaja con un patrón a quien describe como “un pan de Dios”, pero sabe que no siempre las cosas son así y dice que las empleadas domésticas muchas veces se “tienen que tragar sus dolores” y sus abusos por pura necesidad.

“Hay patrones que nos tocan y muchas mujeres no dicen nada por no perder el trabajo. Hay otras incluso que lo permiten para evitar problemas. Eso es común en la limpieza, pero el miedo ahora no es solo a perder el trabajo sino a ser deportadas, porque es lo que está pasando”, asegura la trabajadora mexicana, de 45 años.

“Vienen a veces y son más descarados y dicen ‘Solo ven, quédate un rato conmigo y no haces nada’. Ofrecen sexo a cambio de dinero, disfrazado con trabajo. A mí un jefe me pedía que me llevara falda y me pintara, y yo le decía que para qué me iba a venir en falda si solo iba a limpiar”, comenta la mujer, quien insiste en que la mayoría se queda con la boca callada.  “Uno se siente como si fuéramos objetos. Una como mujer ya siente que no le dan el mismo valor y con eso uno se siente de lo peor y mejor una se caya. Casi ninguna denuncia y es por el miedo y la vergüenza, pero creo que si esas cosas ellos las pagaran con cárcel, nos respetarían”.

Necesitan reforzar las leyes

Carlina Rivera, copresidenta del Comité de Mujeres del Concejo Municipal, asegura que en Nueva York son muchos los casos de empleadas domésticas que sufren acoso y abuso sexual en sus sitios de trabajos, y admitió que las autoridades municipales necesitan fortalecer leyes y mecanismos para evitar que más trabajadoras sufran experiencias abusivas.

“Eso es algo bien difícil que está pasando, especialmente para las mujeres indocumentadas. Por eso necesitamos garantizar que ellas puedan buscar información sobre sus derechos. Es un gran problema y es urgente que escribamos más leyes para proteger a estas mujeres. No podemos tolerar más estos abusos”, dijo la líder política del Bajo Manhattan, destacando que hay organizaciones de apoyo a las que la Ciudad les ha dado recursos para que las mujeres se eduquen más sobre esta problemática y cómo denunciar.

El Defensor del Pueblo, Jumaane Williams, reconoció que el abuso sexual a las empleadas domésticas no se reporta tanto en la Gran Manzana como el robo de salarios o quejas por malos tratos u otros delitos contra trabajadores, y dijo que su oficina se encargará de garantizar que ese tipo de denuncias salgan a la luz y que las víctimas tengan el apoyo y la ayuda que necesitan.

Modesta Toribio y Blanca Collaguazo hablan con Maria Perez. Abuso sexual a empleadas domesticas.

“Me molesta mucho escuchar que ese tipo de historias estén ocurriendo en nuestra ciudad, pero lo peor es que dolorosamente tiene sentido que ocurran, basado en lo que está pasando ahora en el país”, dijo Williams, al tiempo que pidió a las mujeres que experimenten agresiones sexuales y acoso que contacten a la Defensoría del Pueblo. “Debemos garantizar que las mujeres que no tienen documentos ni ninguna otra empleada no sean abusadas. Pero lastimosamente la retórica que estamos escuchando desde Washington, hace sentir a muchos abusadores que está bien hacer esos abusos”.

La Comisión de Derechos Humanos de Nueva York explicó que bajo la Ley de Derechos Humanos de la ciudad, el acoso sexual basado en género y las agresiones sexuales en sitios de trabajo son actos ilegales, al igual que conductas de retaliación o amenazas con llamar a ‘la migra’ cuando una empleada doméstica denuncia.

A pesar de ello, las denuncias de empleadas son mínimas, pues de los 118 casos relacionados con discriminación por motivo de género que se levantaron el año pasado, solo uno fue por acoso.

Ese organismo admitió que quienes trabajan en lugares pequeños o aislados, donde no hay compañeros de trabajo o testigos, como es el caso de las empleadas domésticas, niñeras y aseadoras, son “especialmente vulnerables al acoso sexual” y por ello la Ley de Detención del Acoso Sexual firmada el año pasado, extiende las protecciones y ha extendido el plazo de prescripción de las faltas de uno a tres años para poder denunciar.

Blanca Collaguazo, 38, Ecuador. Abuso sexual a empleadas domesticas.

“La Comisión está cada vez más comprometida con la protección de los derechos de las trabajadoras más vulnerables que nos rodean”, aseguró la comisionada de la Oficina de Derechos Humanos de Nueva York, Carmelyn P Malalis. “Todas las empleadas, incluso si son la única empleada, están protegidas. Los informes se pueden hacer de forma anónima y nunca preguntamos sobre el estatus de inmigración”.

Los abusos sexuales en datos

  • 118 casos relacionados con discriminación por motivo de género se reportaron el año pasado en NY
  • 1 solo caso fue por acoso sexual
  • 10 casos de empleadas abusadas recibe en promedio cada mes la organización Make the Road
  • 2 empleadas solamente han aceptado denunciar sus agresiones
  • 95% se estima que se quedan calladas por temor a represalias o por vergüenza

Dónde pedir ayuda o denunciar

  • Las empleadas que enfrenten acoso o abuso sexual pueden llamar al 311 y pedir hablar con la Comisión de Derechos Humanos.
  • También al (718) 722-3131, que es la línea directa y donde hay agentes que hablan español.
  • La organización Make the Road NY tiene un grupo de apoyo a empleadas, en el que Blanca Collaguazo es líder. También hay talleres sobre derechos. Para información, puede llamar al (718) 565-8500
  • Si el incidente es más grave o es una violación, deben llamar al 911 a la policía