Las empresas deben apreciar a mamá y a papá

Un acuerdo extrajudicial establece que la licencia por nacimiento de un hijo debe ser igual para hombres y mujeres

Primer acuerdo que reafirma la igualdad de género en licencias familiares./Shutterstock
Primer acuerdo que reafirma la igualdad de género en licencias familiares./Shutterstock
Foto: Shutterstock

En junio de 2017 Dereck Rotondo y su esposa dieron la bienvenida a su segundo hijo. Rotondo fue a hablar con el departamento de Recursos Humanos de J.P. Morgan Chase, el banco en el que trabajaba desde 2010 y solicitó una licencia de paternidad. La firma concede 16 semanas de permiso por nacimiento de hijos a los que se consideran como “cuidadores primarios” y dos semanas a los que se entienden que son “secundarios”.

Para sorpresa de Rotondo, que pidió 14 semanas, solo las madres se consideraban automáticamente cuidadores primarios.

Este padre convirtió esa sorpresa en acción, y hoy casi dos años más tarde su empresa ha acordado apreciar tanto a los papás como a las mamás como cuidadores. En un acuerdo sin precedentes, la American Civil Liberties Union, ACLU de Ohio, y la firma Outten & Golden han llegado a un acuerdo extrajudicial con el banco en nombre de los empleados hombres que alegan que les fue denegada ilegalmente la licencia por paternidad en los mismos términos que a las madres entre 2011 y 2017.

Indemnizaciones

El acuerdo, que el jueves fue presentado en un tribunal federal de Ohio, establece que J.P. Morgan Chase mantendrá una política de licencia por paternidad genéricamente neutra y resarcirá con $5 millones a los padres que se hayan quejado de no tener la oportunidad de tomar más tiempo como cuidadores primarios.

Antes de este acuerdo, Rotondo interpuso una queja ante Equal Employment Opportunity Commission (EEOC) alegando que las políticas del banco eran discriminatorias por razón de sexo. En su queja este empleado explicaba que si quería más tiempo como padre, entonces tendría que demostrar que su esposa había vuelto al trabajo, algo imposible porque ella trabajaba como maestra y estaba de vacaciones de verano, o que estaba medicamente incapacitada para cuidar al bebé. Y eso es algo que tenía que probar médicamente.

Poco después, el banco le autorizó a tomar las 16 semanas y en diciembre de 2017 clarificó su política para asegurar que se daba acceso a ser cuidadores primarios de un recién nacido a hombres y mujeres. Ahora, con este acuerdo, que nace de una acción con junta que lideró Rotondo, y el resarcimiento se reafirma esta política.

“Quiero a mis hijos y quería pasar tiempo con ellos cuando nacieran”, dijo Rotondo en un comunicado. “Estoy orgulloso de que desde que presenté mi caso, Chase ha clarificado su política para asegurar que hombres o mujeres que quieran ser cuidadores primarios tengan el mismo acceso a ello”

Desde ACLU se reconoce que la política de licencia del banco es “bastante generosa”. Galen Sherwin, abogada de esta organización, explica que de hecho “desearíamos que más empresas siguieran el ejemplo de Chase con esta licencia que debe ser ofrecida también sobre bases igualidarias a hombres y mujeres”.

EEUU no tiene licencia federal pagada de maternidad y paternidad (el único país desarrollado que no lo hace) pero algunos estados la reconocen y muchas grandes empresas.

Con el permiso de la paternidad, que más países en Europa están reconociendo, no solo se consigue avanzar en la igualdad sino también en la corresponsabilidad familiar.

Es beneficioso para las mujeres porque muchas de ellas se ven penalizadas laboralmente a la hora de ser contratadas por la percepción de que las licencias y la maternidad les va a copar toda su atención y no van a ser tan productivas. En algunos países la licencia es intransferible entre los padres, es decir, es obligatorio tomarla para los dos y la razón es que la inercia actual llevaría a ampliar la de la madre frente a la del padre.

Dadas que las percepciones están muy informadas por convencionalismos sociales, se teme que una licencia paternal que no es obligatoria siempre corre el riesgo de ser juzgada (conscientemente o no) como irresponsable.