El estímulo económico es caro pero más lo es no tenerlo

Las transferencias de dinero a estados y ciudades y el refuerzo del seguro de desempleo son las ayudas más efectivas

El estímulo económico es caro pero más lo es no tenerlo
El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell--en el centro-- ha retrasado la puesta en marcha de otro estímulo. /Archivo
Foto: Doug Mills / Getty Images

Los congresistas en Washington siguen enzarzados en la elaboración de un nuevo paquete de estímulo que recoja el testigo del CARES Act. El esfuerzo público para responder a los efectos de la pandemia va a costar, de momento, que el país tenga una deuda mayor que su PIB y un déficit (la diferencia entre lo que entra y sale del presupuesto) de $3.3 billones este año, tres veces lo registrado en 2019.

Son situaciones que no se registran desde la II Guerra Mundial.

Pero a la vez han evitado un mayor y más costoso hundimiento de la economía, que depende de la evolución del consumo, y que el drama humano sea peor. Dos informes, uno de la Reserva Federal  (Fed) y otro de la Oficina Presupuestaria del Congreso (un organismo técnico, no partidario) dan fe de ello y dan argumentos a quienes aún no están convencidos de que se necesita un estímulo más cuanto antes.

La Fed preguntó con encuestas en abril y en julio cómo estaban las familias. En verano, el 77% dijeron que estaban al menos bien, cuando en abril, el peor mes de la pandemia era el 72% quien estaba en esta situación. De no haber contado con las ayudas proporcionadas por el CARES Act es de esperar que la situación hubiese empeorado, pero las ayudas al desempleo, las transferencias a los estados, los cheques y el PPP además de las ayudas de las organizaciones comunitarias y caridad permitieron a los ciudadano estar incluso mejor que en octubre de 2019, cuando el 75% decía estar “ok”.

Es más, el 70% de los adultos dijo estar en situación de gestionar una emergencia no planeada de $400, cosa que en octubre del año pasado era algo que solo el 63% podía hacer con dinero, ahorros o tarjetas de crédito (con el balance pagado el mes siguiente).

Un estudio de tres economistas publicado por el National Bureau of Economic Research calcula que los cheques de ayuda de $1,200 por contribuyente y $500 por hijo además de los $600 extra semanales por desempleo redujeron entre abril y junio la pobreza en el país incluso aunque millones de trabajadores estuvieran sin trabajo temporal o definitivamente.

De no haber estado en marcha esos programas, los efectos del  shock económico causado por la pandemia habría sido un incremento en la pobreza de 13.2 millones de personas para llegar a una cifra total de 42.5 millones, calculan los economistas del Economic Policy Institute.

“Aunque los programas de asistencia financiera han proporcionado alivio a la dureza de la situación y algunas personas han vuelto a sus trabajos, muchas personas siguen desempleadas”, se lee en el informe de la Fed desde donde se ha hecho énfasis en repetidas ocasiones de la necesidad de renovar el estímulo fiscal.

“Las repercusiones financieras del COVID-19 siguen evolucionando”, dice la Fed que mantiene sus estímulos monetarios.

Para cuando vuelva a tomar el pulso a la realidad, si no hay alivio, las cifras serán distintas. Porque hay desempleo y no solo temporal, hay menores sueldos, horas recortadas y una situación muy complicada en los hogares en los que no llega el dinero para pagar la renta o la hipoteca ahora que el seguro de desempleo se ha reducido y el cheque ha quedado como ayuda puntual en esta crisis de meses.

Y lo que es bueno para los ciudadanos es bueno para el país. La CBO explica en su informe que las cuatro legislaciones de ayudas aprobadas en Washington para hacer frente a la crisis, entre ellas el más extenso CARES Act, ha dado un impulso a la economía para que crezca a un ritmo del 4.7%, algo que permitirá que la contracción no sea tan dramática a finales de año. El impulso llegará hasta 2021.

En su informe, los economistas de la CBO han analizado el alcance de cada programa puesto en marcha.

El que más impacto ha tenido ha sido el de transferencias de dinero federal a gobiernos de estados y locales, seguido de la ya agotada mejora del desempleo con $600 dólares semanales y en tercer lugar los cheques de $1,200 a los contribuyentes con seguro social (quienes usan el ITIN, los inmigrantes indocumentados y sus familias, no lo recibieron ).

Curiosamente, uno de los programas más apoyados por ambos partidos, el Paycheck Protection Program para mantener operativas a las  pequeñas empresas, o PPP es el que menos ha aportado a la economía. Se han evitado despidos pero a un costo monetario similar al del desempleo. 

No obstante el CBO sugiere que es positivo que las empresas mantengan la relación con sus empleados y sus clientes. Es más fácil continuar una labor que reiniciarla. 

En Washington se sigue mientras tanto discutiendo sobre cantidades de ayudas para mantener la economía en un momento en el que hay casi siete millones de contagios detectados y se han contabilizado 200,000 fallecimientos.

Para el estímulo fiscal más efectivo, las transferencias a los gobiernos locales, los demócratas propusieron y aprobaron en mayo en la Cámara de Representantes casi $1 billón ($1 trillion en inglés), en el Senado la última propuesta que se votó sumaba en su conjunto, para todas las partidas, mucho menos que esta cantidad. 

La Fed y sus responsables, han puesto en marcha medidas de ayuda pero repiten que el Gobierno federal necesita hacer más. El CBO analiza la efectividad de cada partida para hacer más fácil una tarea que de no hacerse puede volverse en contra del país y sus ciudadanos. Los economistas de Oxford Economics, se despidieron de la semana recordando que el impulso económico está perdiendo fuerza. Se espera más acción en Washington que la preparación de las elecciones.

El costo de la distancia social 

Los economistas de la Oficina Presupuestaria del Congreso estiman que la distancia social que se ha impuesto para evitar el contagio del COVID-19 hace que el estímulo fiscal tenga un efecto menor que en un periodo en el que no hubiera estas restricciones.

Con ese dinero que fluye no se pueden hacer muchas compras, ni salir de viaje, ni ir con toda la familia al cine o tomar unos tragos. El trabajo desde casa y los límites a las reuniones está reduciendo mucho el gasto.

El CBO espera que mucho del gasto de negocios e individuos vuelva a activarse una vez que las medidas preventivas del contagio se vayan levantando.