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Elecciones a la carrera

La magistrada Ruth Bader Ginsburg deja un vacío difícil de llenar

Ruth Bader Ginsburg

Flores, velas y mensajes rinden homenaje a la jueza Ruth Bader Ginsburg en el exterior del Tribunal Supremo.  Crédito: Michael Reynolds | EFE

Tal como ocurrió en el ocaso del gobierno del presidente Barack Obama se desató una verdadera tormenta política con el anuncio de Donald Trump de presentar una candidata ante el Senado para reemplazar en la Corte Suprema de Justicia a la fallecida magistrada Ruth Bader Ginsburg.

Y no es para menos, con su muerte víctima de cáncer de páncreas, la juez dejó un vacío difícil de llenar, no sólo por su posición como icónica figura defensora de los derechos de la mujer, sino porque quien la reemplace tendrá en sus manos el balance entre las políticas liberales y decisiones más conservadoras de la corte en temas como inmigración, el ObamaCare Act y la defensa del medio ambiente, entre otras.

El señor Trump tiene una baraja de nombres con damas muy representativas en el campo de las leyes, aquí en los Estados Unidos.

Abogadas de convicciones católicas como Amy Coney Barret, abanderada de la lucha contra el aborto, además de Allison Jones Rushing, quien es la más joven de las posibles sucesoras y Joan Larsen, ex magistrada de la Corte en Michigan.

Pero en los mentideros políticos aseguran que la jurista Bárbara Lagoa, magistrada de la Corte Suprema de Florida, tendría mayor opción; más que por sus cualidades como jurista, porque serviría de gancho a Trump para seducir el voto de los electores el 3 de noviembre en un estado donde es vital ganar adeptos para triunfar en las urnas.

Nadie cuestiona las calidades de estas candidatas, o de otras que pudieran surgir hoy mismo; el debate y la discusión nada tiene que ver con sus nombres, tendencias políticas o los orígenes y convicciones. La cuestión es que estamos en un año electoral a menos de 40 días de la elección y Trump quiere asegurarse de nombrar a otro conservador en el cargo, antes de saber el resultado de los comicios.

El afán en esa designación fue criticado por los mismos republicanos que obstaculizaron la elección en el senado del juez Merrick Garland como candidato de Obama, en marzo del 2016, quien finalmente nunca llegó a la Corte.

Lo curioso es que lo que estaba mal visto por los republicanos en los tiempos de Obama ahora parece correcto al cierre del mandato de Trump.

Pero, de todas maneras, es cuestionable el debate político no sólo por estar en plena campaña de reelección, si no porque la discusión comenzó a toda carrera, incluso antes de realizar el velorio de la jueza neoyorquina, celebrado el pasado miércoles. 

Mis abuelos llamaban a esa actitud a “Rey muerto Rey puesto”.

(La autora -que utiliza un pseudónimo- es una periodista radicada en Nueva York)

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