Padres que mantenían cautivos a menores en la casa de los horrores de Texas los obligaban a beber lejía, “Lysol” e “Easy Off” si hablaban mucho

Descalzos, casi sin ropa y demacrados, los hermanos gemelos de 16 años -una chica y un chico- lograron escapar este martes de la vivienda y pedir ayuda a una vecina

Zaikiya Duncan, de 40 años, y Jova Terrell, de 27, fueron arrestados en Louisiana.
Zaikiya Duncan, de 40 años, y Jova Terrell, de 27, fueron arrestados en Louisiana.
Foto: Alguacil de la comisaría 5 del condado Harris / Cortesía

Los hermanos gemelos de 16 años, una chica y un chico, que escaparon de una casa en Texas en la que sus padres los torturaban y los mantenían cautivos fueron obligados a beber lejía y otros líquidos limpiadores.

Los documentos del arresto de Zaikiya Duncan, de 40 años, y Jova Terrell, de 27, citados por medios como KHOU revelan que la mujer vertió el líquido en sus gargantas y genitales, y les quemó la piel. Las víctimas además tuvieron que beber Lysol e Easy Off si hablaban mucho.

Los menores denunciaron además que fueron golpeados con cables de extensión y barras de cortina. Terrel golpeaba frecuentemente al jovencito.

En una ocasión, la sospechosa le dio 24 pastillas Benadryl para hacerlo dormir, lo que le provocó una convulsión. Lo anterior llevó a la mujer a que le bajara la dosis a 20.

Los sobrevivientes además revelaron que comían unas pocas veces a la semana, usualmente un sándwich con mostaza, salsa de pepinillos o bolonia.

Las víctimas fueron esposadas desnudas en una carretilla en el cuarto de lavado. Usualmente, tenían los pies atados.

Los gemelos escaparon de la vivienda en Cypress la mañana de este martes.

Los menores lograron huir luego de que el muchacho hallara la llave de las esposas en la cartera de su madre y la sacara con su boca.  A eso de las 5 a.m., pudo desbloquear el objeto.

Los hermanos tocaron las puertas de los vecinos clamando por ayuda hasta que una les abrió. Ambos estaban descalzos, con poca ropa y lucían demacrados.

La mujer los arropó y les dio comida.  

“Mientras más preguntaba e interiorizaba cuán severa era la situación, fue un torrente de emociones lo que me invadió”, describió la socorrista a la mencionada televisora. “¿Cómo una madre puede hacerle esto a sus hijos?… Yo siento que mis lágrimas son de frustración, coraje y tristeza”, se sinceró.