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Editorial: Urgen mejores condiciones laborales para trabajadores domésticos

Es un trabajo duro que no todo el mundo está dispuesto a hacer

El trabajo doméstico no siempre es bien remunerado.

El trabajo doméstico no siempre es bien remunerado. Crédito: Gemini | Impremedia

En Estados Unidos hay al menos 2.2 millones de personas que engrosan las filas laborales en el rubro de trabajo doméstico. Eso incluye niñeras, cuidadores de enfermos y de personas mayores, personal de limpieza de hogares, oficinas, hoteles y otras instalaciones. A menudo es una mano de obra que ha quedado rezagada de verdaderas protecciones.

El trabajo doméstico pese a ser esencial y vital para la economía del país no cuenta con un escudo fuerte de leyes que protejan a quienes se dedican a esta actividad. Es por eso que varios legisladores federales se han dado a la tarea de presentar nuevamente un proyecto legislativo para garantizar derechos básicos como pago de horas extra, tiempo libre, licencia por enfermedad, recesos para comer y descansar, y escudos legales contra el acoso y condiciones laborales inseguras.

La ‘Ley de Derechos de los Trabajadores Domésticos’ cerraría las lagunas legales que actualmente se prestan para abusar de estos empleados –muchas veces mal pagados y tratados de manera discriminatoria. No podemos olvidar que este grupo laboral –donde abunda la mano de obra de mujeres de las minorías–, fue clave en las horas oscuras de la pandemia.

No podemos menospreciar su aporte. Es un trabajo duro que no todo el mundo está dispuesto a hacer.
Cifras recopiladas en un sondeo hecho por la Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos revelan que solo el 16% tiene un acuerdo por escrito con su empleador que detalla sus responsabilidades laborales y los términos de su empleo. Más de un tercio de los trabajadores domésticos no tiene tiempo para comer y descansar, y de quienes sí los reciben, solo el 34 por ciento obtienen pago por esos descansos.

Actualmente, el 81% de los trabajadores domésticos no recibe sueldo si su empleador cancela con menos de tres días de anticipación, y el 76% tampoco es compensado si su empleador cancela después de que ellos ya se presentaron a trabajar.

Todo esto es inaudito. Los patronos no pueden jugar de esta manera con las personas que buscan llevar el pan a sus hogares.

Esperamos que la iniciativa impulsada por los senadores Kirsten Gillibrand (D-NY) y Ben Ray Luján (D-NM), y la congresista Pramila Jayapal (D-WA-07) tenga el apoyo necesario en el Capitolio federal. Hay una deuda pendiente que saldar con estos trabajadores que enfrentan más condiciones de vulnerabilidad en la Era Trump por los recortes o eliminación de programas que les ayudan a llegar a fin de mes. Nos referimos a la asistencia alimentaria y el Medicaid, porque con los bajos ingresos que un trabajador doméstico percibe no se puede vivir.

El Congreso tiene que tomar cartas en el asunto. Ya basta de ignorar a los trabajadores domésticos.

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