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¿Por qué las mujeres sienten más frío que los hombres? Un estudio lo explica

Investigadores revelan cómo el tamaño corporal, el metabolismo y la grasa influyen en la percepción del frío dentro de hogares y oficinas

Frío hombres y mujeres

Hay varios factores físicos que hacen que el frío lo sientan diferentes hombres y mujeres. Crédito: Shutterstock

La eterna pelea por el control del termostato en casas y oficinas de Estados Unidos podría tener una explicación científica. Mientras muchos hombres aseguran sentirse cómodos en ambientes frescos, millones de mujeres pasan el día abrigadas con suéteres o bufandas, incluso en pleno verano.

Un estudio publicado reciente por la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU. (NIH, por sus siglas en inglés), analizó esta diferencia y concluyó que no se trata solo de una cuestión de gustos personales: factores fisiológicos como el tamaño corporal, el metabolismo y la composición del cuerpo juegan un papel clave en cómo cada persona percibe el frío.

La investigación evaluó a 28 hombres y mujeres sanos, expuestos a temperaturas que oscilaron entre los 62 y 88°F (19° y 31°C). Durante el experimento, los científicos observaron lo que llamaron un “desplazamiento ártico” en las mujeres, quienes mostraron temperaturas corporales más bajas y mayor sensación de frío.

Sin embargo, el hallazgo más relevante no estuvo en la piel.

“Las temperaturas de la piel realmente no variaron tanto entre hombres y mujeres”, explicó Robert Brychta, autor principal del estudio. “Lo que sí encontramos fue que las mujeres tendían a tener una tasa metabólica en reposo más baja que los hombres, y eso está relacionado con su menor tamaño corporal”.

La tasa metabólica en reposo se refiere a la cantidad de calorías que el cuerpo quema mientras está en descanso para mantener funciones básicas como la respiración, la circulación sanguínea y la regulación de la temperatura. En términos simples, es el calor que el cuerpo produce sin hacer esfuerzo.

Metabolismo, tamaño corporal y grasa: las claves detrás del frío

“Una persona más pequeña, ya sea hombre o mujer, genera menos calor”, añadió Brychta. “Eso significa que es más probable que sienta frío en ambientes frescos”.

El estudio también reveló otro factor determinante: la grasa corporal.

Los investigadores encontraron que quienes tienen mayores niveles de grasa presentan más aislamiento térmico natural. En promedio, las mujeres tienen un porcentaje de grasa corporal más alto que los hombres, lo que ayuda a conservar el calor. Aun así, esa ventaja no siempre compensa su menor producción de energía térmica.

Según el equipo científico, la producción de calor está directamente relacionada con el tamaño del cuerpo, mientras que la resistencia a perder calor depende en gran medida de la cantidad de grasa corporal.

La percepción del frío depende en gran parte del metabolismo y no es una cuestión de género. (Foto: Shutterstock)

“Si comparas a una mujer pequeña con un hombre más grande, ella definitivamente va a sentir más frío”, explicó Brychta. “Pero lo mismo ocurre con un hombre delgado y de baja estatura: también se enfriará más rápido que una persona grande”.

En otras palabras, no es únicamente una cuestión de género. El frío afecta más a quienes tienen cuerpos pequeños o menos masa muscular, independientemente de si son hombres o mujeres.

A esto se suma otro dato interesante: estudios previos sugieren que las mujeres suelen tener temperaturas centrales ligeramente más altas. Esto puede hacer que el aire frío se perciba como aún más intenso, creando una mayor sensación de incomodidad en espacios con aire acondicionado.

El fenómeno tiene implicaciones prácticas, especialmente en oficinas, hospitales y edificios públicos, donde la climatización suele ajustarse según estándares históricos basados en cuerpos masculinos promedio. Como resultado, muchas mujeres terminan trabajando en ambientes que sienten excesivamente fríos.

Además de la biología, existen factores externos que también influyen en la temperatura corporal. El estrés, el consumo de cigarrillos, la dieta y el uso de anticonceptivos hormonales pueden modificar cómo el cuerpo regula el calor.

Por ejemplo, la nicotina puede contraer los vasos sanguíneos y reducir el flujo hacia las extremidades, intensificando la sensación de frío. Una alimentación baja en calorías también disminuye la producción de energía térmica, mientras que ciertos cambios hormonales pueden alterar la percepción de la temperatura ambiental.

Los expertos señalan que entender estas diferencias podría ayudar a crear espacios más inclusivos y confortables, especialmente en lugares de trabajo donde la productividad y el bienestar dependen en gran medida del entorno físico.

Algunos especialistas recomiendan soluciones simples, como permitir ajustes individuales de temperatura, promover el uso de capas de ropa o rediseñar sistemas de climatización para zonas específicas dentro de una misma oficina.

La llamada “batalla del termostato” no es solo un cliché doméstico: refleja una realidad fisiológica respaldada por la ciencia. La forma en que cada cuerpo produce y conserva calor varía considerablemente, y esas diferencias explican por qué una persona puede estar cómoda mientras otra tiembla a su lado.

Al final, la sensación de frío o calor se reduce a tres factores principales: tamaño corporal, tipo de cuerpo y composición. Comprenderlos puede ser el primer paso para lograr ambientes más equilibrados y evitar discusiones innecesarias por unos cuantos grados de diferencia.

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