Editorial: Una guerra sin sentido
Esta guerra, como otras anteriores, es una distracción ante los peores niveles de popularidad de su presidencia
Columnas de humo se observan en Teherán por los ataques de EEUU e Israel. Crédito: EFE
El presidente Donald Trump con el ataque a Irán, y descabezamiento de su gobierno, violó una de las principales promesas de su gobierno de no embarcarse a reconstruir naciones como pasó con Afganistán e Irak.
Ya no es extraño que esta Casa Blanca ignore las promesas de campaña. Las mentiras que sirven de cobertura para querer engañar sobre el estado de la economía y las crueles redadas migratorias, ahora justifican una acción militar que a primera vista se ve caprichosa, irresponsable, sin un plan concreto a seguir y con el potencial de crear un caos regional.
En las últimas semanas el discurso de la Casa Blanca se fue endureciendo a medida que la Armada estadounidense fue reubicada en Medio Oriente. El negociador de Trump, Steve Witkoff dijo recientemente que Irán está “probablemente a una semana de tener material para fabricar bombas (nucleares) de grado industrial.”
En el olvido quedó el triunfalismo de que el ataque a Irán de noviembre de 2025 “degradó significativamente el programa nuclear”. Tampoco es realista que Irán sea un peligro para Estados Unidos cuando la Agencia de Inteligencia de Defensa publicó en mayo de 2025 una evaluación diciendo que recién para 2025 Irán tendría un misil de largo alcance.
Nadie va a llorar por el asesinato de líder religioso Ali Khamenei que goberno por 28 años con mano dura y despiadada. Esta ruptura abre un nuevo camino para los iraníes que todavía es incierto tanto para ellos como para Estados Unidos, ante la falta de un plan que vaya más allá del llamado de Trump a “que tomen el gobierno”.
Lo cierto es que los ganadores son principalmente el gobierno Israel de Netanyahu que promete más ataques y las naciones árabes que gracias a Trump se sienten más amenazados por los musulmanes chiitas Irán que Israel. Las naciones del Golfo, que se congracian con Trump y su familia con préstamos, inversiones y regalos multimillonarios, hoy celebran.
Esta guerra, como otras anteriores, es una distracción ante los peores niveles de popularidad de su presidencia; al igual que tapa la conexion entre el millonario sospechoso de pedofilia Jeffery Epstein y el mandatario. Trump es experto en dominar la agenda pública.
La historia de Estados Unidos enseña que nunca hay una salida fácil de una guerra que se inicia o se interviene. Irán no es una excepción y la administración Trump no demostró un talento estratégico ni una visión clara en los conflictos internacionales complejos.
No hay señales de que esta vez sea distinto. El Congreso, el único que tiene el poder de iniciar una guerra, es un cómplice y los demócratas todavía no asumen su papel de oposición encarnizada ante el permanente abuso de poder de la Casa Blanca.