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A seis años de la muerte de Lorena Borjas

Su legado interpela a la ciudad: migrante, sobreviviente y activista, convirtió la adversidad en acción

Lorena Borjas espiraba a que otras personas evitaran los obstáculos que ella misma tuvo que enfrentar.

Lorena Borjas espiraba a que otras personas evitaran los obstáculos que ella misma tuvo que enfrentar.  Crédito: Impremedia

El pasado 30 de marzo de 2020 se apagó la vida de Lorena Borjas, mujer transgénero mexicoestadounidense nacida el 29 de mayo de 1960 en México y ampliamente reconocida como la “Madre de la Comunidad Trans Latinx” en Queens.

A seis años de su partida física, su legado interpela a la ciudad: migrante, sobreviviente y activista, convirtió la adversidad en acción, tejiendo redes de apoyo para la comunidad trans latina y dejando una marca de dignidad y justicia.

A lo largo de su vida, enfrentó múltiples luchas y adversidades, similares a las de muchos inmigrantes hispanos. Provenía de una familia numerosa, compuesta por siete hermanos, criada en un entorno profundamente influenciado por el machismo. Desde temprana edad, Borjas se sintió diferente, enfrentando conflictos internos mientras intentaba adaptarse a las expectativas tradicionales de su familia.

En muchas familias hispanas, persisten normas rígidas sobre los roles de género, donde se espera que los hombres sigan caminos predeterminados. Sin embargo, Lorena tomó la decisión de emigrar a Estados Unidos en busca de una vida más auténtica y plena como mujer.

Ya en el país, tuvo que enfrentar desafíos comunes entre los inmigrantes: barreras lingüísticas, oportunidades limitadas y una marcada exclusión social, particularmente como mujer transgénero. A estas dificultades se sumaron experiencias traumáticas, incluyendo su paso por prisión y su condición de sobreviviente de trata de personas en 2017.

Lejos de rendirse, transformó estas vivencias en una fuerza impulsora para su activismo. Junto a su colega Dennis Camacho, fue pionera en la creación de un grupo de apoyo para personas transgénero dentro del Programa de Intercambio de Jeringas (SEP) en Queens. Este espacio llegó a reunir a más de 70 participantes cada semana e incluía talleres educativos y actividades de acompañamiento.

Borjas recorría clubes locales en Queens para reclutar participantes, construyendo una red de apoyo vital. El programa no solo ofrecía contención emocional, sino que también conectaba a la comunidad con servicios esenciales como pruebas de VIH y otros recursos de salud.

Su visión era clara: ayudar a las personas trans a obtener estatus legal, acceder a permisos de trabajo y demostrar que podían alcanzar carreras exitosas. Aspiraba a que otras personas evitaran los obstáculos que ella misma tuvo que enfrentar.

Asimismo, dedicó gran parte de su labor a apoyar a trabajadoras sexuales, un grupo frecuentemente marginado. Les brindaba orientación sobre recursos disponibles, asistencia para comprender sus procesos legales y defensa de sus derechos como inmigrantes.

A lo largo de su vida, recibió numerosos reconocimientos, entre ellos cinco proclamaciones oficiales y un indulto otorgado por el entonces gobernador Andrew Cuomo en 1994.

Como egresado de Hostos Community College, llevo su historia con profunda admiración. Su valentía, activismo y compromiso inquebrantable por elevar a otros reflejan valores que también marcaron mi camino en esa institución.

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