Los estadounidenses pierden la paciencia con Trump por la guerra contra Irán

Encuestas recientes muestran una desaprobación creciente entre los simpatizantes de MAGA en medio de los últimos acontecimientos

Trump busca que la medida sea contundente frente a Irán.

Trump busca que la medida sea contundente frente a Irán. Crédito: Julia Demaree Nikhinson | AP

Desde que Estados Unidos intervino en la guerra entre Irán en el 2025, cada vez que le preguntan al presidente cuánto va a durar ese conflicto, él ha insistido en que Estados Unidos está logrando avances, asegurando que ya casi termina.

Mientras se esperan las negociaciones, las encuestas revelan una tendencia: cada vez más estadounidenses desaprueban las intervenciones de Estados Unidos.

Una encuesta de Pew Research Center encontró que, en promedio, seis de cada diez estadounidenses desaprueban la forma en que Trump ha manejado el conflicto, con una mayoría considerando que Estados Unidos tomó la decisión equivocada de usar la fuerza, solo una cuarta parte dice que la acción militar va extremadamente bien o muy bien.

Esta desaprobación también se ha filtrado en la propia base de Trump. Reportajes de Politico muestran que entre mayo y julio de 2026, los simpatizantes de MAGA dijeron cada vez más que la participación de Estados Unidos en Irán debería terminar si eso implica evitar el aumento de costos en el país  — un giro que se ha dado incluso mientras el apoyo general de los Republicanos y MAGA  hacia Trump se ha mantenido. 

Morris P. Fiorina, profesor de ciencias políticas e investigador principal de la Institución Hoover en la Universidad de Stanford y autor de Unstable Majorities Continue: The Trump Elections, atribuye esas fracturas a una incertidumbre más profunda que recorre la colisión republicana y la de MAGA.

“Del lado republicano, las cosas simplemente se están desmoronando”, dijo. “Tienes a Laura Loomer, quien siempre ha estado en contra de Ucrania, de pronto muy cercana con [el presidente ucraniano Volodímir Zelenski]; básicamente todo el grupo MAGA, los influencers, están divididos.”

El resultado, dice Fiorina, es una base que cada vez más se pregunta quiénes son en realidad los “verdaderos” simpatizantes de MAGA, atrapada en lo que él llama a los republicanos “sembrando incertidumbre en sus propias filas”.

Esta creciente incertidumbre no es exclusiva de MAGA. Los demócratas se enfrentan a una versión del mismo problema, agrega Fiorina — “en ambos partidos hay luchas internas entre facciones”— con los socialistas demócratas del partido enfrentándose a los liberales más establecidos. 

La división partidista se refleja claramente en las cifras. El 71% de los republicanos y quienes se inclinan hacia el Partido Republicano dicen que usar la fuerza fue la decisión correcta, frente a solo el 11% de los demócratas y quienes se inclinan hacia el Partido Demócrata. En cuanto a si la campaña va bien, los republicanos están casi divididos por igual, mientras que casi siete de cada diez demócratas dicen que no va nada bien o no muy bien, de acuerdo con Pew Research Center.

Aun así, Fiorina dice que la decisión partidista no es absoluta; se concentra en el centro.

“Entre quienes dicen ser firmes demócratas o firmes republicanos, se quedan con su postura hasta el final”, dijo. “[Es] entre los no tan firmes y los no tan débiles donde hay algunas grietas”.

Incluso la autoidentificación, argumenta, responde a la conveniencia política; los votantes se autodenominan “inclinados hacia los republicanos” el año que votaron por Trump y “inclinados hacia los demócratas” el año que votaron por Obama. “Es endógeno a cómo planean votar”, dijo. “Lo que hemos visto es que principalmente los independientes han estado apoyando a Trump — esas han sido sus victorias”. Pero, sin importar eso, agrega Fiorina, “él [ha] perdido mucho apoyo”.

Parte de lo que hace interesante este conflicto —y explica la desaprobación— según Fiorina, es la ausencia de cualquier efecto de “unirse en torno a la bandera” (“rally-around-the-flag”).

“Si hay una aprobación universal [como con el 11 de septiembre], se da ese efecto de unirse en torno a la bandera”, dijo, pero, como explica, “si las cosas son controversiales, si un partido no lo apoya, entonces no ves ningún efecto de unión; y estamos en una era donde básicamente un partido dice ‘esto nos gusta’ y el otro dice ‘no, a nosotros no’.”

También señala la falta de preparación y de un verdadero proceso previo sobre cómo manejar la intervención: “simplemente pasó de repente”.

Además, argumenta que, en general, los estadounidenses no se mantienen involucrados en una guerra a menos que su gente esté siendo atacada de forma visible. Lo compara, por ejemplo, con Vietnam: “Sufrimos más de medio millón de bajas… y era un ejército [en su mayoría] voluntario, no [en su mayoría] de reclutas. Así que no hay mucho efecto político [entre el público] por este tipo de intervenciones [como la de Irán]”, señala.

Esa inquietud sobre el rumbo de la guerra se refleja también en cómo los estadounidenses perciben sus consecuencias: el 40% dice que las acciones de Estados Unidos contra Irán están haciendo que el país sea menos seguro, frente a un 22% que dice que lo que está haciendo es más seguro, de acuerdo con Pew Research Center. Algo similar ocurre respecto a lo que creen que significa para el mundo —  33% dice que es menos seguro frente a 27% que dice que es más seguro.

El impacto económico

La guerra también se ha entrelazado con la economía.  Una mayoría de los estadounidenses, a lo largo de todo el espectro político — 63% en general,  incluyendo el 50% de los simpatizantes de MAGA y el 70% de los votantes de Harris—  dice que la guerra en Irán es un factor detrás del aumento en los precios de la gasolina, y uno de cada cinco votantes de Trump dice que los precios habrán subido menos bajo un presidente demócrata, según el reporte de Político.

Al preguntarle sobre el efecto de una participación prolongada en Irán entre los simpatizantes de Trump —tomando en cuenta su sello de “América Primero”— Fiorina detecta el resurgimiento de una vieja inquietud.

“Esto llega tan poco después de las guerras en Irak que la gente dice: ‘ay, no, ahí va otra de esas guerras de 17 años sin final a la vista’”, dijo. “Y cada vez que nosotros hacemos algo, ellos [Irán] hacen algo más, todo eso sigue empeorando, no mejorando. Así que sí, creo que Trump necesita ponerle fin a esto de alguna manera que le permita presumir una victoria, y no está claro cómo, pero creo que es una situación muy difícil”.

Con las elecciones intermedias a menos de cuatro meses de distancia, Fiorina se muestra inusualmente franco sobre lo poco que le dicen los datos.

“Llevo más de 55 años estudiando elecciones, y nunca había estado tan incierto sobre lo que está pasando como ahora”, dijo. Hace quince años, comenta, si le hubieran dado el panorama del país, habría podido anticipar hacia dónde se dirigían las encuestas. Esta vez no.

“El gran factor impredecible es que vemos todas estas deterioraciones en el respaldo de Trump —en su aprobación y demás— pero los demócratas no están mucho mejor. Los demócratas todavía no logran recuperar [la confianza de los votantes que perdieron]”, explica.

Señala a los independientes —el “grupo intermedio, poco afiliado, no muy comprometido con ningún partido”— como el bloque que decide las elecciones cerradas, y a una larga historia de fuertes cambios en las elecciones intermedias impulsados justamente por ese grupo. Un giro de 35 puntos entre las pérdidas republicanas de 2006 y las pérdidas demócratas de 2010, dice, no fue tanto ideológico como un referéndum sobre quién parecía estar gobernando mejor el país. “Estamos en un periodo en el que, básicamente, la gente piensa que ningún partido ha hecho un buen trabajo en los últimos 25 años, y por eso tenemos este vaivén de un lado a otro, elección tras elección.”

Si las intervenciones de Estados Unidos terminan pronto, dice Fiorina, es probable que bajen los precios de la gasolina y eso “detendrá el sangrado” para los republicanos —aunque no está claro cuánto los beneficiaría, ni cómo responderían los demócratas en sus primarias en curso. “Las cosas ya están bastante definidas en este punto”, agregó. “Pueden empeorar o mejorar un poco, pero estamos a tres meses”.

Al reflexionar sobre lo que llevó a Trump a ganar la elección en principio, Fiorina ve la misma dinámica actuando ahora en contra de ambos partidos a la vez.

“En la elección pasada, mi impresión era que había una sensación generalizada de que las cosas estaban fuera de control, que Biden ya no tenía el control, [que con] Ucrania, los iraníes [y] la economía, nadie parecía tener las riendas de lo que pasaba, y por eso ganó Trump”, dijo, haciendo eco de la frase de Bill Clinton sobre “es mejor estar equivocado y ser fuerte, que ser débil y tener la razón”. Los votantes querían a alguien que al menos pareciera saber lo que estaba haciendo.

“Ahora mismo existe esa misma sensación de que los republicanos perdieron el rumbo, pero los demócratas tampoco han dado ninguna señal de estar aprovechando eso. Por eso me siento tan incierto sobre lo que está pasando”, acotó el experto.

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