Abogado judío saca la cara por los hispanos
Encabeza la guerra por una vivienda digna en Los Sures
El abogado judío se ha ganado el odio de la comunidad hasídica en Williamsburg por defender los derechos a una vivienda digna de los latinos y afroamericanos. Crédito: carolina ledezma
Brooklyn Marty Needleman se prepara para pelear su más reciente batalla contra los desarrollos urbanísticos del llamado Broadway Triangle, en Williamsburg.
El 11 de octubre, el abogado de Brooklyn Legal Services y una coalición de organizaciones comunitarias tomarán la calle para denunciar que muchas obras se están construyendo allí, pese a la orden judicial que en enero impidió a la Ciudad continuar su proyecto de 1,851 residencias asequibles en la frontera entre Williamsburg y Bed-Stuyvesant.
Quienes se oponen al plan de Broadway Triangle del Alcalde, como Needleman, mantienen que es un ejemplo más de segregación racial en contra de negros e hispanos de esta área de Brooklyn.
Desde un inicio, la Ciudad garantizó el derecho a desarrollar los inmuebles a instituciones que como destaca Needleman – representan o son aliadas de la comunidad hasídica de Williamsburg, como United Jewish Organizations y la organización del ex asambleísta Vito López, Ridgewood Bushwick Senior Citizens Council.
Además del alto porcentaje de unidades destinadas a familias blancas judías, la juez Emily Goodman también encontró que todos los apartamentos de tres y cuatro habitaciones se habían reservado para estos grupos.
Desde 1969, cuando se estableció en Williamsburg después de graduarse en la Universidad de Boston, Needleman ha sido la piedra en el zapato para propietarios de inmuebles que abusan de sus inquilinos, así como para la política de viviendas públicas y de bajo costo de la Alcaldía.
“Todo el mundo me odia”, dice sobre su tirante relación con sus hermanos de religión. Ese rechazo lo pagó caro cuando en 2005 se postuló para juez de la Corte Civil, una elección en la que todos votaron en su contra. Por el contrario, el 100% de los latinos lo favorecieron.
Casado con una maestra ecuatoriana por más de 31 años y padre de dos hijos, Needleman, de 66 años, entiende lo que es moverse en dos mundos. Y en ese proceso no ha estado exento a los efectos del desplazamiento, una tendencia que los latinos de Williamsburg han vivido desde los años 50.
El creció en un “gueto judío” de East New York, que desapareció cuando puertorriqueños y afroamericanos repoblaron su enclave de familias pobres. “Esa experiencia definió mi compromiso emocional con lo que hago”.
Allí experimentó la tensión racial y la inseguridad, que luego las amenazas y ataques de sus opositores en Williamsburg le recordarían. “Nos mudamos porque mi padre fue golpeado tres veces en el tren”.
Su tiempo lo ocupan esos casos de desalojo de inquilinos que admite le quitan el sueño, como la anciana que se le quemó su departamento de 40 años y, después de repararlo, el dueño la obligó a mudarse.
Pero también hay las grandes causas que han hecho historia en Los Sures. En 1976, Needleman descubrió que el Departamento de Vivienda asignaba residencias públicas a familias hasídicas, para garantizar la presencia de comunidades blancas en Brooklyn. “Se les otorgó un 75% de los apartamentos en los proyectos públicos”, recuerda.
Este y otros casos similares marcaron un precedente, pero aún así no frenaron estas prácticas discriminatorias.
“Las cuotas raciales son las que hacen que la lucha contra el desplazamiento en Williamsburg sea única en la ciudad”, explica. “Por eso, para nosotros [Brooklyn Legal Services] siempre ha sido importante ser una organización de base que trabaje y pelee por su comunidad”, una filosofía que revela su propia misión de vida en un vecindario que le ha dado el título de “latino de honor”.