Los usuarios de El Bronx merecen más, por menos

En ese condado se depende en gran mayoría de los autobuses; sin embargo, el servicio de autobús es el más lento y menos fiable que en los barrios más pudientes

Los residentes de El Bronx merecen un transporte lo suficientemente asequible como para que nadie tenga que elegir entre sobrevivir y llegar a donde necesita ir.

Los residentes de El Bronx merecen un transporte lo suficientemente asequible como para que nadie tenga que elegir entre sobrevivir y llegar a donde necesita ir. Crédito: Edwin Martínez | Impremedia

Los neoyorquinos somos una comunidad muy orgullosa. Nosotros celebramos nuestros horizontes, nuestro dinamismo, nuestra cultura. Pero cuando hablamos de El Bronx, ese orgullo y apoyo se siente desigual, especialmente si se habla del transporte público.

Tengo 50 años, soy una persona con discapacidad que sobrevivió a un derrame cerebral, estoy en diálisis y a la espera de un trasplante de riñón. También soy estudiante en Lehman College. Mi vida está entre entregar trabajos a tiempo y citas médicas. El transporte público no es una opción para mí; es una cuestión de supervivencia.

He vivido en la ciudad de Nueva York durante más de una década. Durante nueve de esos años, he vivido en El Bronx. He aprendido a reconocer el ritmo de los autobuses y a tener la paciencia que se necesita para lidiar con los retrasos de los trenes.

Cuando la gente habla de Nueva York, no se imagina rutas de autobús que tardan el doble de lo que deberían, ni estaciones de metro sin ascensores que funcionan. Yo sí me las imagino, porque vivo aquí.

Cuando el transporte se retrasa o resulta inaccesible, no es solo un inconveniente; es ansiedad. Es un esfuerzo físico. Es el riesgo de perder una cita médica. Para personas como yo, el tiempo no es solo dinero: el tiempo es salud.

Soy beneficiario de Tarifas Justas, un programa para neoyorquinos de bajos ingresos que ofrece un descuento del 50 por ciento en el transporte. Es una ayuda importante y estoy agradecido por ella. Sin este programa, el costo de trasladarme a mis citas médicas, a la universidad, a la farmacia o a mis reuniones supondría una carga aún más pesada para mis limitados ingresos.

Sin embargo, demasiados neoyorquinos quedan desamparados. Ganan lo justo para no ser elegibles para el programa de Tarifas Justas, pero no lo suficiente para afrontar cómodamente el aumento de las tarifas. Son personas trabajadoras. Cuidadores. Personas mayores. Personas que lidian con enfermedades crónicas. Algunos tienen que elegir entre comprar alimentos o pagar el transporte.

El Bronx siente esta presión con gran intensidad. Somos un condado con altas tasas de pobreza y rentas demasiado altas. Dependemos en gran mayoría de los autobuses; sin embargo, el servicio de autobús es el más lento y menos fiable que en los barrios más pudientes. Se nos pide pagar más por menos. Esta es una cuestión de justicia social.

Durante los últimos cuatro años, he sido miembro de Riders Alliance, organizando comunidades a favor de un transporte público asequible y fiable. He hablado en manifestaciones y he escuchado historias que reflejan la mía propia: a una madre intentando calcular si le alcanza poder ir a visitar a su hijo en otro condado; una persona mayor que falta a sus citas médicas porque el costo de los pasajes se acumula; un trabajador que se levanta dos horas antes solo para evitar retrasos.

La equidad en el transporte no es un concepto abstracto. Es la justicia racial. Es justicia para las personas con discapacidad. Es justicia económica.

El alcalde Mamdani basó su campaña en la expansión de las Tarifas Justas, pero los fondos para expandir el programa no fueron incluidos en su reciente presupuesto preliminar. Esa promesa no debería desvanecerse sólo porque su campaña ya se terminó, o porque las elecciones ya pasaron. Ampliar los criterios de elegibilidad ayudaría de inmediato a miles de neoyorquinos que atraviesan dificultades, pero que no cumplen con el nivel límite de ingresos actual. La asequibilidad no es una condición binaria: no eres lo suficientemente pobre como para merecer ayuda ni lo suficientemente rico como para absorber interminables aumentos en las tarifas del transporte público.

La ciudad de Nueva York no puede pretender celebrar a la clase trabajadora mientras dificulta su movilidad por la ciudad. No puede hablar de salud pública mientras ignora las barreras de transporte que impiden el acceso a la atención médica. La ciudad no puede jactarse de la resiliencia del Bronx mientras no invierte lo suficiente en nuestra infraestructura.

Sentimos orgullo neoyorquino. Lo gritamos. Lo convertimos en marca. Lo comercializamos; pero, ¿dónde está el apoyo para el Bronx?

Merecemos autobuses y trenes que lleguen a tiempo. Merecemos un transporte lo suficientemente asequible como para que nadie tenga que elegir entre sobrevivir y llegar a donde necesita ir.

El programa de Tarifas Justas debe ampliarse. El servicio de Access-A-Ride debe fortalecerse. El Bronx ya no debe ser tratado como una prioridad secundaria. Pido a la gente de Nueva York que defienda a El Bronx y le diga al alcalde que implemente políticas que no nos dejen fuera. No pedimos un trato especial; pedimos justicia.

Victor Lee Walker es miembro líder de Riders Alliance

En esta nota

Riders Alliance
Contenido Patrocinado