Subway Inn: Un clásico que vuelve a empezar
La imparable renovación inmobiliaria de NYC se llevó por delante el Subway Inn, pero vuelve a abrir
Marcelo Salinas en el Subway Inn Crédito: Gerardo Romo
La apertura oficial del Subway Inn fue el viernes pasado aunque antes ya se habían empezado a servir cervezas en este local en la 2 Avenida con la calle 60 de Manhattan.
El olor a pintura y a nuevo aún flota en el ambiente de un bar que renace después de que la imparable renovación inmobiliaria de NYC se llevara por delante el local original que abrió sus puertas en 1937, a apenas unos bloques al oeste del actual.
El dueño del Subway Inn es Marcelo Salinas, un peruano que durante 40 de sus 60 años estuvo trabajando para quien puso en marcha este bar, Charlie Ackerman. Su primera tarea fue limpiar los suelos del bar pero con el tiempo, Salinas consolidó y avanzó su relación laboral y personal con Ackerman. “Cuando llegué por primera vez me invitó a desayunar y se sentó conmigo en la mesa, algo que me dejó extrañado”, explica Salinas. Era una época en la que este inmigrante dormía ocasionalmente en el tren o en el suelo de edificios abandonados.
“Poco a poco le cogí cariño. Siempre me trató bien“, recuerda para añadir que terminaron siendo como una familia. Salinas aprendió a gestionar el bar en el que se han dado cita trabajadores neoyorquinos y famosos de las artes y el deporte.
Antes de morir, Ackerman le dió $100,000 y las llaves del Subway Inn pero en 2006 el administrador de la herencia de Ackerman vendió el edificio en el que estaba el local a una inmobiliaria. Con esta empresa, Salinas mantuvo un contrato anual que la empresa podía cancelar en cualquier momento.
“Pensé que iba a estar meses y fueron ocho años. Pero me preocupaba, no podía hacer arreglos necesarios porque tenía las manos atadas, me podían echar en cualquier momento. Nos dijeron que nos darían tiempo cuando cerraran, pero nunca olvidaré el 5 de julio del año pasado cuando me dijeron que a finales de ese mes estábamos fuera”.
Batalló con abogados y medios sociales, apoyado por celebridades como Tony Bennett, pero con poco éxito y eso, explica Salinas, le llevó a una depresión. “Gasté mucha plata con abogados y un hombre como yo que ha trabajado siempre qué hace, ¿se sienta en casa a ver la televisión todo el día?”. ¨Mi hijo y mi esposa me levantaron”, cuenta Salinas.
Y con ellos esta empresa familiar latina que es el Subway Inn se levantó.
Los Salinas volvieron a ser emprendedores. Encontraron un nuevo local para empezar de nuevo y colocar el icónico neón con el nombre del bar a la entrada que brilló desde los años treinta. Ahora tienen un alquiler por 10 años en un local en el que han tenido que invertir los ahorros de padres e hijos. ¿Cuánto? “No se lo creería”, dice Salinas. El lugar estaba muy mal, había varios techos, todos en mal estado, entre una cosa y otra, hemos invertido unos $300,000″. Toda la familia está ayudando y muchos de ellos trabajan en el bar.
Del antiguo Subway Inn se han traído cosas como las patas de las mesas y la barra se reutilizó para la nueva. Salinas y su hijo rehicieron ellos mismos los asientos. También trajeron la foto de Charlie para colgarla en el Subway Inn al que dedicó su vida. La foto se cayó y se coló por una rendija del mobiliario del bar. “Para sacarla tendríamos que romperlo así que lo dejamos y pusimos otra”. Toda una imagen.
Salinas dice que una vez que se han acabado las obras, se han cumplimentado las regulaciones, su ansiedad es que los clientes vuelvan. “Estoy contento y preocupado, quiero que este lugar sea como el de allá”, dice refiriéndose al anterior bar. Nervioso, pero ilusionado, como empresario con negocio nuevo.
Marilyn y Joe Dimaggio tomaron copas una noche en el Subway Inn y se olvidaron unos papeles en una mesa. Ella llamó a Ackerman para decir que mandaría a alguien a recogerlos y que no quería que nadie se sentara en su mesa. Ackerman, desde entonces, se sentaba él en esa mesa para evitar que nadie más lo hiciera aunque el lugar estuviera lleno de gente. Hoy, esa mesa, está en el nuevo Subway Inn. Su foto, también.