¡Tranquilo Varito, solo cenaba!

@RaulBenoit

En medio de un ejército de guardaespaldas exagerado en un recinto privado y estrecho, el salón ejecutivo del Hotel Tequendama de Bogotá en el piso 17, ante su turbación de por qué yo estaba en Colombia, estuve a punto de decirle que como ciudadano es mi derecho y privilegio, que no se alterara por mi presencia porque yo no era un espía de nadie sino un periodista que, como huésped, casualmente buscaba comer un bocado.

Minutos antes, él había terminado una reunión privada con su pupilo, el ex candidato presidencial de Colombia por el Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, cuyo hijo, David, ex-gerente de la campaña reciente de su padre, ese día rendía indagatoria en el consulado colombiano en Nueva York por las interceptaciones telefónicas de un hacker en la campaña electoral de 2014.

En una ironía del destino, a pocos pasos de la reunión privada entre ellos, mientras yo comía, escribía un artículo sobre otras “chuzadas”, como le llaman en Colombia al rastreo o escucha ilegal de llamadas telefónicas, las cuales ocurrieron en el gobierno de Uribe, entre 2007 y 2009, para vigilar y perseguir a sus opositores.

El personaje clave de esas otras “chuzadas” es María del Pilar Hurtado, ex-directora del servicio secreto de Colombia –DAS-. Hurtado se entregó recientemente y esto tiene nervioso y mucho más paranoico a Uribe de lo que es, porque si ella revela lo que sabe del espionaje que ejecutó, Uribe podría verse en aprietos.

Con su estilo autoritario pero a la vez populista, Uribe, llamado con cariño Varito por antiguos amigos, fue y es un encantador de serpientes, logrando hipnotizar a ciertos colombianos que lo siguen con la furia con la cual él lleva su actividad pública y política.

A veces me da pena con el ex-presidente porque su vida está rodeada por el caos jurídico; por lo cual sospecho duerme poco, pero, quién lo manda a no obrar con rectitud cuando gobernó.

El gran peso es su pasado sombrío que data de la época de Pablo Escobar, quien lo llamaba Varito. Uribe tiene sobre los hombros la sospecha de su conducta impropia cuando fue director de la Aeronáutica Civil, desde donde habría autorizado licencias para volar aeronaves y permisos para construir pistas, lo que facilitó a los narcos, como Escobar, el envío de coca al exterior.

Además de lo anterior, la lista de señalamientos contra Uribe es larga y continúa con el apoyo a los paramilitares cuando fue gobernador del departamento de Antioquia entre 1995 y 1997.

Tarde o temprano Uribe tendrá que rendir cuentas ante la justicia del país o frente a una corte internacional y deberá pedir perdón al pueblo por crímenes de Estado, por abuso de poder, con la intención, como si fuese un capataz destronado, de recuperar su finquita

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