El histórico rechazo griego
El rechazo masivo de los votantes griegos a la salida de la crisis financiera propuesta por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo es un momento histórico. No tanto ahora por las consecuencias de esta decisión, las cuales aún son inciertas, sino por la reacción de un país a negarse a implementar severas soluciones recesivas exigidas del exterior que no reducen su deuda, ni lo sacan a flote.
Es cierto que la economía griega necesita reformas para ser más eficiente y menos deficitaria, mientras que la paciencia es cada vez menor en los europeos ante lo que sería hoy el tercer rescate financiero de Grecia en poco tiempo. El problema es que las exigencias de la banca internacional son devastadoras para una nación que en los últimos cinco años superó el 20% de desempleo y sufrió una contracción económica de 25%.
La exigencia del trío acreedor para inyectar fondos que ayudarán, por ejemplo a la actual crisis bancaria griega, demanda reducir los pagos a jubilados, recortes en las áreas de educación y de salud, reducción de salarios en el sector público, privatizaciones e importantes aumentos de impuestos. Esta fórmula es garantía de fracaso si la meta es reactivar la economía griega y reducir su deuda, lo único que hace es dar un respiro a la banca internacional y eventualmente elevar el monto de la deuda griega.
El problema de deuda no es exclusivo de Grecia. El mayor desequilibrio entre ingresos y egresos en el mundo hoy lo tiene Estados Unidos, quien junto México y Brasil son los deudores más grandes de América, en Europa están España, Italia y Portugal, además de Grecia. Latinoamérica ha vivido por décadas el problema de la deuda y cese de pagos. La petición de condonar parte de la deuda suele ser ignorado por el FMI a menos que sea uno de los 39 países pobres acogidos a un plan especial como Nicaragua, Honduras, Haití, Tanzania y Rwanda entre otros.
Grecia no cae en la categoría de estos países pobres, pero para salir del atolladero que se encuentra, se necesita la honestidad financiera de los deudores para reconocer que el monto total de la deuda es impagable. Esto significa pérdidas limitadas para la banca, pero a la larga motivará la aceptación de algunas reformas duras, que junto a inversión productiva Grecia podrá salir adelante.