Editorial: Una tragedia en San Francisco
Sánchez está arrepentido, pidió perdón a la familia de la víctima y el acusado mismo dijo merecer una condena severa
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La muerte de Kate Steinle en San Francisco a manos del indocumentado Francisco Sánchez es una tragedia que no debe ser explotado para fines políticos, ya sea para generalizar y pintar todos estos inmigrantes como criminales y atacar a las ciudades santuarios.
Los detalles de este crimen se prestan para la narrativa argumentada desde la bancada republicana del Congreso, y recientemente por el precandidato presidencial Donald Trump, de que la mayoría de los inmigrantes de México son delincuentes y que el gobierno de Obama pone en peligro la seguridad con su política de migratoria.
Según los reportes, Sánchez fue deportado cinco veces, tiene siete convicciones serias, cuatro por drogas. Se hallaba en libertad bajo palabra en Texas, después de ser liberado donde estuvo encerrado por repetidas entradas al país. Posteriormente ICE lo detuvo y lo entregó a San Francisco por un delito antiguo de drogas para luego solicitar formalmente que se lo entreguen. San Francisco desechó el cargo y la petición dejándolo en libertad. El miércoles pasado, según la confesión de Sánchez, primero halló píldoras para dormir y luego un revólver con el que mató accidentalmente a Steinle. Sánchez está arrepentido, pidió perdón a la familia de la víctima y el acusado mismo dijo merecer una condena severa.
Este es el drama humano. El político es la manipulación de este hecho aislado para reponer el programa de Comunidades Seguras y arremeter contra las ciudades santuarios que ven en sus calles el balance positivo que aportan los inmigrantes.
Es cierto que si Sánchez hubiera sido deportado con anterioridad, él no habría matado a Steinle. Empero, esta no es una razón para volver a la relación entre la autoridad local y la migratoria que deportó a millones de personas, siendo la mayoría trabajadores honestos.
La meta es buscar el equilibrio para deportar o encerrar a los indocumentados que pueden ser un peligro y dejar libre a la vendedora callejera sin papeles. La discrecionalidad de las autoridades locales demanda atención y responsabilidad.
Lo inadmisible también es el uso de este caso para promover el proyecto de ley S.1640 del senador Jeff Sessions, que tiene de eliminar las ciudades santuarios por el temor general a “las pandillas y los carteles”. Este no es remotamente el caso de Sánchez, pero no importa para los que ven a todos los indocumentados iguales, peligrosos y políticamente convenientes.