Una derrota a la discriminación
La semana pasada fue un momento histórico para Estados Unidos en el combate a la discriminación con el creciente repudio a la bandera Confederada y el fallo de la Suprema Corte de Justicia sobre el casamiento gay. A esto se le debe sumar otro veredicto del Alto Tribunal menos publicitado, pero no menos importante, aceptando que al menos en cuanto a vivienda, la discriminación no tiene que ser intencional para ser ilegal.
Esta última es una decisión clave en la interpretación de la ley Fair Housing Act de 1968 en favor de las minorías, a las cuales les permite presentar demandas por discriminación sin que esta tenga que ser deliberada. El juez Anthony Kennedy, que redactó la decisión de la mayoría en el fallo de 5-4, se refirió a los “prejuicios inconscientes y (una) disimulada aversión” en su defensa de este aspecto de la ley contra la segregación.
El caso es sobre la política controversial del Departamento de Vivienda y Asuntos Comunitarios de Texas a cargo de manejar los proyectos de vivienda para personas de bajos ingresos. El gobierno federal otorga créditos impositivos para alentar este tipo de vivienda. La disputa surge por la decisión de la agencia estatal de construir estos hogares en las áreas más pobres de la ciudad en vez de repartirlas a lo largo del área.
Ante las quejas de que esto creaba una segregación de hecho al colocar, en este caso, viviendas para afroamericanos en las áreas pobres donde vive la mayoría de afroamericanos, Texas respondió que lo hacía por varios motivos, exigiendo que se demuestre su intención de discriminar.
El Alto Tribunal dijo que no es necesario, que basta con mostrar el impacto negativo en las minorías. La ley de 1968 tiene la intención de promover la integración racial, por ejemplo en una ciudad, para el avance y progreso de todos los residentes. Hay numerosos estudios mostrando que el amontonar minorías pobres en una región les quita oportunidades a sus jóvenes de una mejor educación, perjudica una base impositiva y crea una segregación racial de hecho.
El cáncer de la discriminación vive entre nosotros, pero la Suprema Corte dio un paso importante en su combate, al establecer que el “prejuicio inconsciente” es tan perjudicial como una declaración abierta contra las minorías.