Baja popularidad del Congreso

Cartas personales a legisladores tienen mayor efecto de presión

WASHINGTON, D.C. – Mientras la confianza de los estadounidenses en el Congreso ha llegado a uno de sus niveles históricos más bajos, la correspondencia a las oficinas de los representantes ha superado récords de recepción.

Un estudio publicado esta semana por Congressional Management Foundation (CMF), mostró que el año pasado, los congresistas recibieron entre 200 y 1,000% más mensajes de sus contribuyentes, a través de diferentes canales de comunicación, en comparación a lo que ocurría una década atrás.

El estudio fue realizado con 260 entrevistas efectuadas entre octubre y diciembre de 2010, a personal que trabaja en el Capitolio, donde se discutió cómo los niveles de correo electrónico y tradicional, están afectando los procedimientos dentro de sus oficinas.

“El Congreso está trabajando duro para adaptarse y entender el nuevo ambiente”, dice el reporte. ¿Están repensando fundamentalmente lo que hacen o simplemente tratando de aplicar el paradigma del siglo XX sobre flujo de trabajo y proceso de comunicaciones, frente a los desafíos del siglo XXI?” se cuestiona el documento.

Arturo Vargas director ejecutivo de NALEO, asegura que cuando se habla de los efectos de cartas y correos electrónicos, en las decisiones de los congresistas, el impacto es indudable.

“En conversaciones con legisladores, muchos me han dicho que en sus distritos la gente tiene una postura determinada, gracias a la correspondencia”, dice Vargas.

“Lo usan como una medida de opinión pública e incluso utilizan el cálculo de que por cada carta que reciben, hay 10 constituyentes detrás. Las misivas personalizadas son las que tienen mayor efecto”, explica.

Y es que grupos como el Tea Party y organizaciones de derechos civiles, se han vuelto expertos en el envío de cartas con un formato tipo, dependiendo del tema, donde lo único que requieren de la gente son sus datos personales. Uno de los factores que ha aumentado el flujo de manera considerable.

Por el lado del Senado, el estudio registró un incremento de 548% en el volumen de correo tradicional desde 2002. En la Cámara de Representantes el aumento fue de 158%. Asimismo, un 86% de las oficinas están respondiendo correos electrónicos. Un aumento de 49% en comparación a lo que ocurría en 2005.

58% del personal declaró pasar más tiempo ahora en comunicaciones con los constituyentes, en comparación con lo que hacían hace dos años y 46% dijo estar redirigiendo recursos, para manejar el incremento de volumen.

Oficinas como la de Luis Gutiérrez (D-IL) no han notado un incremento significativo, pero aseguran que la magnitud de correos ha sido siempre alta. “Recibimos alrededor de 3 a 4 mil correos electrónicos por mes y 300 a 400 cartas. Mes a mes y semana a semana el volumen y los temas varían basados en lo que el Congreso está considerando” asegura Douglas Rivlin, vocero del legislador.

En tanto, oficinas como la de la senadora Bárbara Boxer (D-CA) han notado un incremento sostenido. En 2010 recibieron 2.3 millones de correos electrónicos y 64 mil misivas. En 2008 registraron 925 mil y 70 mil, respectivamente, y en 2005 las cifras fueron 249 mil y 41 mil.

“El mayor crecimiento ha estado en los correos electrónicos. Esa también es la mejor manera en que nosotros podemos darles una respuesta rápida. Actualmente tenemos cinco personas trabajando en esta área y un director de correspondencia en California”, explicó Zachary Coile, director de comunicaciones de la senadora.

Según el vocero del senador Michael Bennett (D-CO), quien ha recibido cerca de un millón desde que llegó al Senado, una de las razones del alto tráfico en la correspondencia es la “pasión de los temas en debate en la actualidad”.

Sin embargo, los números a nivel nacional, parecen hablar más de una molestia con la gestión del Congreso en general, más que un clamor en pro de la libertad de expresión. De hecho, de acuerdo a la última encuesta realizada por The Washington post y ABC sólo un 14% de los estadounidenses aprueba la gestión del Congreso, mientras un 62% la desaprueba enfáticamente.