El acoso sexual no es cosa de bromas
La revelación que parece indicar que Herman Cain, uno de los candidatos republicanos a la Presidencia de Estados Unidos, fue acusado de hostigamiento sexual por dos colegas hace una docena de años es más que otro trapo sucio sacado al aire durante una campaña política.
El hostigamiento sexual, así llamado por primera vez hace unos 30 años, en el ámbito del trabajo es un delito que pocos entienden, sobre todos los hombres, aunque ellos son el 99 por ciento de los agresores.
El mismo Cain dijo primero que ni siquiera recordaba que tal cosa hubiese ocurrido, ni qué fue lo que pasó exactamente, ni el nombre de las acusadoras, ni si la National Association of Restaurants, de la cual era el jefe supremo, había pagado a las mujeres para que se callaran el pico.
Pero poco a poco fue surgiendo un panorama que a muchas mujeres le es familiar: la acusación, dijo Cain en diferentes momentos desde que la noticia explotó el domingo, fue una “falsedad”, una “cacería de brujas”, algo “insignificante y sin base”, una “broma”.
Ja, ja, ja. La primera línea de defensa de todo hombre acusado de hostigamiento sexual siempre es, “estaba bromeando” o “las mujeres no tienen sentido del humor” o “sólo la estaba halagando”. Muchos piensan que hostigamiento sexual es una conducta extrema, como bajarse los pantalones o pellizcar una nalga.
No, señoras y señores. Si el jefe viene y mirándote las tetas con disimulo dice “esa blusita te queda regia”, créannos, eso no es un halago.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define el acoso sexual como “insinuaciones sexuales indeseables, o un comportamiento verbal o físico de índole sexual que persigue la finalidad o surte el efecto de interferir sin razón alguna en el rendimiento laboral de una persona, o bien de crear un ambiente de trabajo intimidante, hostil u ofensivo.”
La conducta impropia puede incluir insultos, observaciones, bromas o insinuaciones de carácter sexual o comentarios inapropiados sobre la forma de vestir, el físico, la edad o la situación familiar de una persona, contacto físico innecesario y no deseado, como tocamientos, caricias y pellizcos, observaciones molestosas y otras formas de hostigamiento verbal, miradas lascivas y gestos relacionados con la sexualidad, invitaciones comprometedoras y solicitudes de favores sexuales.
Según la OIT, el hostigamiento sexual es causante de que una de cada cuatro mujeres sea despedida y que 4 de cada 10 renuncien a sus empleos. Y aunque la ley da el derecho a las mujeres de quejarse oficialmente y hasta de demandar al hostigador, la gran mayoría no lo hacen por temor a perder el empleo, a represalias de sus superiores, porque les da vergüenza, por el posible rechazo de esposos o familiares, o porque temen ser acusadas de provocar el acoso sexual por la forma en que se visten y se comportan.
Hasta ahora, una de las víctimas de Herman Cain está dispuesta a hablar para responder a las mentiras y distorciones del pizzero, pero el acuerdo que firmó no se lo permite hasta tanto la asociación de restaurantes no levante tal prohibición.
Veremos qué pasa, pero no será bonito. Las mujeres casi siempre salen perdiendo en estas situaciones. Pero si hay algún consuelo, es este: Herman Cain nunca será presidente.