Hispanos en la ruta del pavo

Manos latinas contribuyen a su crianza antes de llegar a los hogares de millones

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NUEVA YORK – Todos los años, con el advenimiento de la celebración del Día de Acción de Gracias, los trabajadores hispanos también tienen su protagonismo, en muchas de las paradas de la larga ruta que recorren los pavos antes de llegar a los hogares norteamericanos.

Alejandro Colón trabaja desde hace dos años en una granja, en la parte norte de Nueva York, cerca de Albany. Allí, todas las mañanas, se encarga junto a tres compañeros hispanos, de alimentar y asear el área donde crían varias clases de aves, entre ellas los pavos.

“La crianza de los pavos tarda de entre seis a ocho meses, tiempo suficiente para engordarlos antes de llevarlos a los viveros para la venta. En cada temporada, la cría es de más o menos unas 3,500 aves. Todo comienza con calcularse que estén listos para los días de Acción de Gracias y Navidad”, dice Colón, originario de Guatemala.

Según Colón, las primeras semanas de vida de un pavo -como las de las aves de corral- son las más delicadas, porque deben mantenerse con una temperatura ambiente suficiente para que no se mueran por el frío, así como recibir la alimentación y el cuidado sanitario adecuado.

“Hay varias cosas bien importantes que se deben tenerse en cuenta, como lo es el mantenerles el agua suficiente, vigilar que se alimenten y separar a los animales que atacan a los demás, porque existen unos pavos a los que no les gusta estar acompañados”, aclara Colón, de 34 años.

Luego de estar un mínimo de seis meses y haber alcanzado al menos las 15 libras de peso -en promedio, dependiendo de la clase de pavo- son llevados por camiones jaulas hasta las tiendas en donde, literalmente, permanecerán las últimas horas antes de ser elegidos por los clientes, sacrificados y preparados, antes de ser colocados en el horno para finalmente adornar la mesa durante la celebración de Acción de Gracias.

“A nosotros nos traen los pavos de las granjas de Nueva York y Pensilvania”, asegura Carlos Tamayo, gerente general, desde hace ocho años, del vivero Marzigliano, de la avenida Bergenline en la localidad de West New York, Nueva Jersey.

Tamayo afirma que en los días previos a la celebración de Acción de Gracias, en su negocio se venden aproximadamente 400 pavos de todos los tamaños. El peso aproximado de un ave para su consumo es de unas 18 libras en adelante y la libra cuesta $2.19.

En este vivero, en el que el 80% de la clientela es hispana son tambien latinos los trabajadores encargados de preparar los pavos y entregarlos listos para ser adobados y luego ser metidos al horno.

“Cuando llegan aquí, al vivero, los separamos por tamaños y dependiendo de cómo vayan a ser sacrificados, lo único que les damos es agua, porque por lo menos durante unas horas antes de ser sacrificados, no se les debe dar comida”, dice Gabriel, trabajador del vivero de Union City.

Aneida Girón, de República Dominicana, indicó que prefiere comprar el pavo en un vivero en vez de los congelados que se venden en supermercados. “Tienen más sabor, realmente, en parte es por la costumbre en nuestros países, de ir a la granja porque su carne sabe más fresquita y tierna”, dijo.

El Departamento de Agricultura de la nación (USDA, por sus siglas en inglés) indicó que en Estados Unidos en el 2011 se criaron 248 millones de pavos y que el Día de Acción de Gracias se consumirá unos 46 millones de ellos.