En el piso de abajo, un paraíso literario

Con una barba de tres días y una playera con la leyenda "Repara el mundo, no lo destruyas', Javier Molea, 42, recorre el piso de abajo de la librería McNally Jackson, ubicada en el vecindario de Soho en Manhattan
En el piso de abajo, un paraíso literario
Javier Molea es el librero uruguayo que pone alma y corazón a la colección de McNally Jackson de libros en español. "Huyo de las traducciones del inglés a nuestro idioma; aquí doy a conocer lo mejor de nuestra literatura; clásicos y autores nuevos".
Foto: Silvina Sterin Pensel

Con una barba de tres días y una playera con la leyenda “Repara el mundo, no lo destruyas’, Javier Molea, 42, recorre el piso de abajo de la librería McNally Jackson, ubicada en el vecindario de Soho en Manhattan.

Entusiasmado, escoge distintas obras –todas en español– y cuenta los malabares que realizó para conseguir uno y otro título. “Este me lo trajo de España mi amiga Marta, dice empuñando ‘Acabado en Diamante’, un libro de poemas y textos de Javier Moreno.

“Este otro también se lo pedí a un amigo argentino”, agrega mientras devuelve a su estante ‘Cielos de Córdoba’, de Federico Falco. “Hago todo lo que puedo para enriquecer esto”, acota mirando lo que podría decirse es su reino; la porción de la librería dedicada al español.

“A mí me gusta decir que esto es una plaza pública; un espacio para el diálogo”, señala mientras deambula por el rincón donde una vez al mes unas 30 ó 40 personas se dan cita para desentrañar novelas, cuentos y otras narrativas. Vienen muchos latinoamericanos y españoles, gente interesada en leer cosas en su idioma y que quiere sorprenderse, que no quiere más de lo mismo”.

Javier, un librero uruguayo que recaló en McNally Jackon por capricho de una genial casualidad, se jacta de haber logrado echar por tierra el estereotipo de lo que es la literatura en español aquí en Nueva York.

“Se han hecho muy populares ciertos conceptos como el del macho latino, el calor caribeño, el realismo mágico y el General autoritario, pero yo vengo del Río de la Plata y ahí hace frío”, sostiene irónico.

“Aquí les doy la posibilidad de conocer a fondo a Jorge Luis Borges, a Julio Cortázar, a Juan Carlos Onetti y Adolfo Bioy Casares, entre muchos otros”.

En su Club de Lectores, Javier alterna entre obras clásicas y trabajos de escritores talentosos pero emergentes y prometedores.

Cuando es posible, –si el escritor o escritora viven aquí o están de paso por la ciudad– les invita a estar presentes en el club y ser testigos directos de cómo se desglosa y analiza la labor de su pluma. “Hace poco traje a Yuri Herrera, un escritor mexicano súper talentoso y se dio un intercambio genial, con gente que alababa y gente que criticaba a los personajes de su libro ‘Trabajos del Reino'”.

Mediante ese formato que, confiesa, copió de las librerías de aquí, de Estados Unidos, “batallo contra una cosa muy nuestra, muy latinoamericana de establecer jerarquías. En nuestros países el escritor esta ahí arriba y el lector ahí abajo. Acá en nuestro club de lectores en español en McNally Jackson los hemos puesto a ambos en el mismo nivel y se da algo mucho más rico”.

Amo y señor de ‘su’ parte de la librería, Javier afirma que tiene total libertad para hacer lo que le da la gana y lo aprovecha: “Me dejan ser yo y eso me encanta. Hablo mi inglés a la uruguaya y rotulo las actividades con nombres bien criollos; por ejemplo en vez de decir micrófono abierto –para referirme a la parte donde cada cual da su opinión de una obra– yo le puse payada y ya desde las 6:30 comenzamos a charlar de literatura disfrutando de algún buen vino. A todos les fascina y es mucho más cercano a nuestra idiosincrasia que el open mic”.

Todos los dias temprano emprende el viaje de poco más de una hora que lo trae desde Bay Ridge, Brooklyn, hasta el 52 de la calle Prince y se queda en la librería hasta las 10 de la noche.

“Me lo paso eligiendo nuevos autores para el club, programando los talleres de español que tenemos los sábados a la 1 de la tarde y manteniendo reuniones con universidades porque aprovechamos cuando ellos traen escritores y los invitamos a nuestra librería; este es su espacio para conectarse con la gente”.

Licenciado en letras, Javier se entrenó en el oficio en librerías famosas de Montevideo, su ciudad, y llegó a tener la representación del segmento editorial de McGraw Hill pero en 2001 la crisis argentina contagió rápidamente a Uruguay. “Tuve la necesidad de salir y me aventuré a NY, un lugar donde siempre había soñado vivir”.

Pero su llegada a McNally Jackson, una librería independiente propiedad de la canadiense Sara McNally, no fue propiciada por su amor a los libros si no por flores.

“Cuando llegué a esta ciudad traté de meterme en el mundo de las librerías pero mi inglés no me ayudó, así que conseguí un empleo arreglando flores. Uno de los lugares donde llevaba orquídeas era la editorial Perseus. Allí, hablando de letras y libros con Sara, pronto nos hicimos amigos y cuando decidió abrir la tienda, me llamó para organizar la parte en español”.

La movida lo devolvió al mundo literario donde se siente a gusto pero aclara que descubrió que las flores también tienen un poder mágico. “Prefiero usar las palabras pero no hay que desestimar lo que se puede expresar con las flores”.

Para más información visite: mcnallyjackson.com