Cómo convertí el secreto de mi hija en algo menos doloroso

El Poder de la Esperanza

Son las 6 de la mañana del sábado, y justo acabo de terminar un reporte de trabajo, cuando de pronto siento la presencia de alguien que ha entrado en mi oficina. Es mi hija Cristina. Está parada en la puerta, pálida y erguida como si fuera somnámbula. Mi hija de 21 años tiene los ojos hinchados. Su cuerpo tiembla. Se abraza a sí misma como para calentar su cuerpo frío y a la vez detenerse de una caída.

Pienso que ha de estar caminando somnámbula, pero al ver sus hombros temblantes y las lágrimas que derrama, me doy cuenta de que está despierta, y llora desconsoladamente.

También ha perdido muchísimo peso.

“Mamá, soy mala, soy sucia y una mentirosa”, dijo.”Mami, nadie nunca me volverá a amar”.

He quedado en shock total. ¿Por qué me estará diciendo estas cosas tan horribles? ¿Será que mató a alguien? ¿Robó dinero? ¿Qué cosa le estará causando tanto dolor y sufrimiento?

Sus palabras llenan el cuarto: “Mami, estoy enamorada de otra chica.”

Siento tremendo alivio, y empiezo a darle las gracias al universo y hasta a Dios porque por fin he logrado conocer la razón detrás su perdida de peso, sus noches sin dormir y sus días sin poder salir de la cama.

En lo que voy a darle un abrazo, su cuerpo se desploma encima de mí, y para detenerla, la agarro firmemente. Mi mente empieza a correr a mil millas por minuto. Pienso en el odio que hay en nuestro mundo en contra de las personas que son diferentes. Pienso en el dolor que ha tenido que soportar, y me parte el corazón al pensarlo, y también al pensar que efectivamente podría haber perdido a mi hija.

De repente escucho las palabras saliendo de mi boca: “Cristina, te quiero y todo estará bien”. Mi esposo entra al cuarto. Le digo lo que pasó, y abraza a nuestra hija.

Es cierto que puede ser difícil que tu hijo te diga que es lesbiana, gay, bisexual o transgénero, pero para estos jóvenes, que tienen que lidiar con el rechazo, el asunto es mucho más difícil. El temor al rechazo se une a una multitud de complejas emociones que sienten cuando están en proceso de reflexionar sobre su orientación sexual.

Padres y madres, sean aliados para sus hijos y la comunidad LGBT. Un joven LGBT que se siente aceptado por su familia tiene ventaja frente a muchos otros que sufren la intolerancia y discriminación. Este apoyo puede salvar la vida de un joven. Los chicos LGBT que se sienten aceptados por sus familias tienen son menos propensos a incurrir en conductas de riesgo, intentos de suicidio, sufrir de depresión o abuso de drogas.

Desde que Cristina compartió sus sentimientos, tuve la responsabilidad como madre de ayudarla a superarse y a prosperar para que lograra ser una mujer sin culpabilidad, vergüenza o temor.

Hace ya cuatro años desde ese sábado. Mi hija se graduó de la escuela de medicina, y ahora practica en el hospital White Memorial en la comunidad de Boyle Heights en Los Ángeles.

Siento un gran orgullo de poder decirles que mi hija ha llegado a ser una mujer sana y completa que ha abrazado la libertad, felicidad, honestidad y, sobre todo, la esperanza.