El debate para legalizar las drogas toma vuelo

Algo increíble está pasando en América Latina ahora mismo. Después de ser brutalizados por décadas por la fracasada prohibición de las drogas, impuesta por el gobierno estadounidense, líderes latinoamericanos están diciendo “basta ya”. Están exigiendo alternativas políticas que puedan reducir la delincuencia, la violencia y la corrupción en sus países, e insistiendo que la despenalización y la regulación de las drogas sean puestas sobre la mesa.

El presidente guatemalteco, Otto Pérez Molina, está aportando un liderazgo muy importante. Dentro de Guatemala, su propuesta ha sido elogiada por voces diversas, como líderes empresariales, el arzobispo Oscar Julio Vian, y el director de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, Francisco Dall’Anese. Los otros presidentes centroamericanos también están dispuestos a participar en el diálogo.

Mientras tanto, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, parece estar reanimado a empujar el debate por la iniciativa del mandatario guatemalteco. Se reunió recientemente con los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso (Brasil), Ricardo Lagos (Chile) y Felipe González (España) para discutir la mejor manera de plantear el tema esta semana en la Cumbre de las Américas.

El presidente mexicano, Felipe Calderón, también parece estar más dispuesto a involucrarse en el creciente debate. Haber hecho batalla por todo su sexenio contra las organizaciones criminales, cuya fuente principal de ingresos es el narcotráfico a Estados Unidos, nadie tiene mayor autoridad moral para reclamar un nuevo camino.

Todo esto presenta un gran dilema al gobierno estadounidense. Cuando vice-presidente Biden visitó recientemente la región, aclaró que el Presidente Obama opone firmemente la legalización –pero también reconoció, como hizo Obama en 2011–, que es un tema legítimo a debatir.

El desafío inmediato para los reformistas sería sostener su impulso frente a los esfuerzos vigorosos de EE.UU. –tras bastidores– de suprimir el debate, aunque ha dicho públicamente que está a favor de ello. El desafío más substancial sería darle cuerpo a sus propuestas para alternativas políticas. Los presidentes latinoamericanos saben que ningún país puede legalizar las drogas unilateralmente.

El obstáculo más grande sería la resistencia obstinada de EE.UU.. Pero el apoyo popular entre los estadounidenses para legalizar la marihuana está aumentando con rapidez –de 36% a favor en 2006, a una mayoría de 50% a favor en 2011, según la encuesta Gallup.