El mejor regalo para una madre

Mamás que se encuentran en prisión recibieron a sus hijos
El mejor regalo para una madre
Erika Gutierrez abraza a sus hijos en la 'Women's Correctional Facility' en Chowchilla.
Foto: Lucio Villa / La Opinión

CHOWCHILLA, Calif.—Marylin Orgaz, de 6 años, y su hermana Ilene, de 10 años, madrugaron el viernes para visitar a su mamá y desearle un buen Día de las Madres. No fue una visita común, ya que ella se encuentra presa por problemas del pasado.

Las niñas pasaron cuatro horas y media junto a otros menores viajando en un autobús desde el centro de Los Ángeles hasta la ciudad de Chowchilla, en la parte central de California. Al llegar, les tomó otro par de horas pasar por los numerosos filtros de seguridad. Así es la regla para toda la gente que visita a las mujeres encarceladas ahí y los 200 hijos que llegaron, no fueron la excepción.

“Necesito a mi mami. No sé qué voy a hacer si no puedo verla”, expresó Marylin Orgaz, corriendo al lado de su hermana mayor que tenía la cara pegada al vidrio de la sala de visitas del ‘Central California Women’s Facility’, una de las dos prisiones que se encuentran en el Valle de San Joaquin.

Al ver a su madre salir de las celdas, Ilene Orgaz corrió hacia ella, seguida por su hermana. Ambas brincaron a sus brazos, llamándola por su nombre y con los ojos arrasados por las lágrimas.

Jacqueline López, de 26 años, con una sentencia de 9 años, por haber cometido un asalto a mano armada, tuvo el privilegio de pasar unas horas con sus hijas.

“No me voy a bañar por un año. No me importa si mis compañeras de cuarto se quejan”, dijo López, mientras sus hijas le pintaban la cara con corazones y flores. “Aunque sea, no me voy a lavar la cara”, dijo con una sonrisa que inundaba su rostro.

Estos preciosos momentos fueron posibles gracias al programa ‘Get On The Bus’, administrado por el Centro para Obras de Justicia Restaurativa, una organización sin fines de lucro que une a los niños, familias y comunidades, separados por la delincuencia y el sistema de justicia penal.

Cuando se inició el programa en el 2000, por parte de una monja de la Diócesis de Los Ángeles que vio que a las madres llorando porque no habían visto sus niños que se encontraban lejos, sólo hubo un autobús con 17 niños visitando el ‘Valley State Prison for Women’, que se encuentra a un lado del ‘Central California Women’s Facility’.

Además del autobús que trajo a las hermanas Orgaz desde Mount St. Mary’s College en Los Ángeles, hubo otros 22 camiones más que transportaron a los hijos de las presas desde distintas ciudades del estado, logrando así la mayor asistencia en la historia del programa. Karen Van de Laat, directora regional del Sur de California para ‘Get On The Bus’ aseguró que un 84 por ciento de los participantes son latinos o afroamericanos.

“Nuestros voluntarios transforman la sala de visitas con numerosas actividades, lo decoran y ofrecen pizzas, para crear una atmosfera lo más relajada posible”, indicó Van de Laat. “No hay ningún costo para la familia”.

La organización también hace viajes para el Día del Padre y desea empezar viajes trimestrales a las prisiones, pero esto depende de los recursos económicos que reciben principalmente por donativos individuales. Cualquier persona que desee hacer un donativo, puede hacerlo a través de la página http://www.getonthebus.us.

El efecto de la visita de los niños en el Día de las Madres no sólo se traduce en un momento de felicidad para las mujeres. Velda Dobson-Davis, jefe adjunto de celadores de ‘Valley State Prison for Women’, dice que los estudios revelan que el beneficio es de gran importancia para los niños que están creciendo sin sus madres.

“No todas las madres son buenas con sus hijos, pero cada niño necesita una madre, no importa qué tan terrible sea la imagen que la sociedad haya creado de ella”, señaló. “Esta es una buena oportunidad para ayudar al desarrollo del niño”.

Josiah Gobet, que viajo desde Sacramento y desafortunadamente no pudo reunirse con su madre porque la trasladaron a otra cárcel una hora antes que llegara, no pudo ocultar su decepción.

“Tenía planeado decirle todas las cosas buenas que me han pasado, para que me viera y estuviera orgullosa de mi, para que viera el producto de todo el trabajo duro que hizo”, relató Gobet, de 15 años. “No solo nos ayuda a nosotros, sino también a nuestras madres, porque se dan cuenta de que tienen gente afuera que las espera para cuando salgan”.

Algunas reuniones fueron alegres, otras no tanto. Al recibir a su hijo que no había visto desde que entró a prisión hace 15 meses, Romelia Sánchez, de 40 años, no pudo dejar de tocar su cara.

“Me siento bendecida en este Día de Madres. Es lo mejor que me ha pasado”, dijo, emocionada. “Le di muchos consejos, espero que haga caso”.

El adiós fue la parte más difícil para su hijo, Esteban Sánchez, de 17 años. En el autobús ya de regreso, se quedó viendo la ventana hacia la prisión, y no fue hasta que el autobús llegó a Los Ángeles que tuvo el ánimo de hablar. “Estoy contento porque la pude ver, pero triste porque me tuve que ir y ella se quedó allá”.

“Quisiera poder cambiar lugares con ella”, agregó el muchacho que vive solo.

Abrazando un osito que le dio como regalo su madre, Ilene Orgaz expresó que quería llorar cuando se despidió, pero su madre no la dejó. “Me dijo que ya soy una niña grande y que tengo que cuidar a mi hermana”.