Cuidado con ese ¡ay, fo! en contra de los gay

Guía de Regalos

¿Cuántos de nosotros con frecuencia escuchamos o utilizamos la expresión ¡Ay, fo! para expresar desagrado o que algo apesta o huele mal? Muchas personas que están en desacuerdo con las parejas y matrimonios del mismo sexo hacen uso de esta expresión en rechazo a este tipo de uniones. Pero cuidado, porque hay estudios que demuestran que muchas de las personas que se apasionan y hacen campaña en contra del homosexualismo tienen en sus viseras la homosexualidad muy metidita en el clóset.

Recuerdo el caso más reciente del político ultraconservador e impulsor de iniciativas legislativas contra la comunidad homosexual, Roberto Arango. El exsenador se vio forzado a renunciar tras un escándalo sexual en donde se exhibe desnudo en un blog gay. Por supuesto, Robertito como le llaman sus allegados, negó ser la persona en la foto y ser homosexual, pero más adelante le tomaron unas fotos infraganti en la zona gay de Miami Beach en la que se ve claramente besando a otro hombre… ¿no que no?

“En el nombre de Dios” solía decir Ted Haggard quien fuera uno de los religiosos más influyente y respetados de los Estados Unidos. Haggard, por un lado decía, que la homosexualidad era un pecado y lanzaba cultos en contra de ello y en contra del derecho al matrimonio de los mismos, escudándose en las Sagradas Escrituras… Y por otro lado, tenía un amante varón al que le pagaba para que lo entretuviese en posiciones tipo Kama Sutra. “Ya me curé” le confesó a Oprah en una entrevista hace unos años como si se tratara de una enfermedad.

Hace apenas dos años, el cantante y actor Ricky Martin, expresó públicamente que era homosexual y para sorpresa de él y de muchos, las palabras de apoyo y de aceptación no se hicieron esperar. Tal parece que cuando nos atrevemos a ser honestos y nos permitimos ser sinceros con nosotros mismos y con los demás, recobramos el respeto de los otros y la aceptación sale a la superficie.

Las palabras del Presidente Obama deberían convertirse en acción, con esto podríamos evitar que las personas se oculten detrás de los hábitos de castidad y de legislaciones hipócritas en contra de la homosexualidad. Una vez nos sacudamos de los prejuicios, del rechazo, del racismo y todo aquello que está en desproporción en nuestra humanidad, podríamos mirarnos a los ojos con la complicidad que sólo el amor y el respeto revela y así podríamos gritar ¡ay que rico!, en lugar del odioso ¡ay fo!.